miércoles, 23 de enero de 2008

¡Cuidado con la clase media!

Según un informe reciente de la Fundación Sindical de Estudios (FSE) de CCOO, se agranda la brecha salarial entre ejecutivos y trabajadores propiciando una importante estratificación social que hace peligrar la clase media.
Los salarios de los altos cargos crecieron en 2007 un 30,9%, porcentaje proporcional al beneficio de las empresas, el cual se ha reconocido oficialmente en un 26,6%, cuando las nóminas de los asalariados sólo aumentaron un ridículo 3,4%.
Ante estos datos, cabría preguntarse si las políticas sociales del Ejecutivo son propias de un Gobierno de izquierdas, más aún, teniendo en cuenta que en el mismo estudio se informa de un incremento en 2008 por encima de la inflación de todos los precios de bienes básicos intervenidos directamente por el Estado, como son la electricidad, el gas, el agua o el trasporte. Le están haciendo la cama a ZP.
Es posible que esta brecha salarial sea debida, en parte, a la creciente precariedad en el mercado de trabajo, donde se impone niveles salariales realmente bajos como consecuencia de la contratación masiva de mujeres, jóvenes e inmigrantes, colectivos sociales cuya labilidad los excluye de la reivindicación sindical en defensa de sus derechos laborales. Estos suman el 80% de la clase activa española, y su precariedad está dejando al descubierto la acción capitalista que no duda, ante la inexistencia de presión social por la lucha de los intereses de las clases menos desfavorecidas, en apropiarse de la mayor porción de beneficios.
Es la película de siempre: Las revoluciones pasadas están caducadas y no tienen efecto real. Eso da pie a un abaratamiento salarial generalizado que redunda en mermar el nivel adquisitivo de los más pobres, por tanto, un menor consumo, mayores precios, y obviamente, la crisis. Fenómeno que podría ser, y de hecho estoy convencido de ello, el arma secreta con que el capitalismo ataca al estado de derecho para hacer fracasar un gobierno progresista, como el de ZP.
Al no repartirse con mayor justicia los beneficios empresariales, se están consolidando las grandes fortunas, y los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez más pobres y por otro, que los trabajadores sean, en definitiva, más pobres de lo que eran en 2006.
La sensación es que la economía está pasando un bache y se tambalea. Pero ¿estos agentes macroeconómicos, estos poderes fácticos, no tendrán algo que ver en todo esto? ¿Cómo se podría controlar y corregir? Para mí, sólo existen dos maneras. De nuevo me remito a la historia para responder. La primera, con la aplicación de un mayor intervensionismo del estado, controlando y comprobando los beneficios empresariales, procurando que no se puedan evadir impuestos, para propiciar de alguna forma que paguen más los que más tienen. Las grandes fortunas son siempre las que en proporción pagan menos impuestos. Eso es bien sabido por todos, pues el capital cuenta siempre con el asesoramiento de los mejores profesionales para que eso sea siempre así. El Estado ha de proteger al ciudadano de estas prácticas, que al contrario de producir riqueza y empleo en el país, que para eso están las empresas, lo empobrecen y lo desmantelan. En segundo lugar, rompiendo el clima de conformismo de las clases más bajas, radicalizando las reivindicaciones sindicales. Enrarecer el clima social, enseñando los dientes y reclamando un reparto más equitativo. No hay otra forma.

miércoles, 16 de enero de 2008

¿Quién será el culpable?

Doy por sentado que habrán oído alguna vez la expresión “... a río revuelto, ganancia de pescadores...”, refrán que por lo visto se ha aprendido muy bien cierto sector social, que a mí, cuanto menos, me sorprende por lo reaccionario que es.
Siempre que oía la palabra “integrismo”, aunque su significado real dista mucho del que se le asocia inconscientemente en la actualidad, me venía a la cabeza esos islamistas tan radicales y enfrentados con la cultura occidental que vemos a diario en las noticias, pero últimamente, el término, no sólo se refiere a aquellos musulmanes retrógrados y temibles, sino que, en vista de ciertas actitudes de determinado sector político-religioso, se está ampliando su significación. Algo que, dado el tiempo en que vivimos, no sé si será positivo o todo lo contrario. (Bueno, sí lo sé, pero no lo digo)
Cuando las posturas se radicalizan hasta extremos insostenibles por su absurdo, cosa que me parece siempre un grave error, se produce la exclusión de muchos inocentes que huyen del sistema, posiblemente decepcionados y desengañados, y eso quiebra la sociedad y la destruye.
Es posible que la crisis coyuntural que sufrimos en España sea una consecuencia de la confrontación constante que padecemos, aunque para algunos sea sólo una forma de hacer política, sin tener en cuenta la crispación y el estrés social que producen.
Alguien ha de ser responsable del sentimiento separatista, incrementado en los últimos años, entre catalanes y el resto de españoles. Campañas de constante martilleo que se han empleado en detrimento de la unidad del pueblo, amparadas precisamente en un sentir tan nacionalista como el que reprochan. Ésas críticas constantes al pueblo catalán, esos desaires a su economía y su política, seguro que no han caído en saco roto y en el futuro nos arrepentiremos de haber sido tan vehementes.
Primero fueron los catalanes, luego las familias, célula básica social que se instrumentaliza para sacarla de contexto. Últimamente se movilizan los sectores más reaccionarios en defensa de la familia, como si en la actualidad corriera peligro de extinguirse, y eso es incierto. Realmente no se manifiestan en defensa de la familia, sino contra la libertad de composición de la misma. No se trata de procurar un futuro para la familia tradicional cristiana, a la que me precio de defender, sino de evitar a toda costa cualquier alteración de su concepto, en contradicción con los principios básicos y fundamentales que debieran regir las entidades que se colocan a ese lado del estrato social, pues con esa postura tan férrea, lo único que consiguen es excluir a muchos, que como en el caso anterior, se quedan por el camino, adelgazando el concepto de Estado de Derecho, posiblemente en favor de otros sistemas menos democráticos.
Y ahora, quizás por la proximidad de las elecciones, una crisis económica, reitero que coyuntural, que ciertamente tiene mucho más de inventada que de real. Es una crisis económica psicológica, producida por el miedo al “que viene el lobo”, táctica política muy criticada, por cierto, por los mismos que tanto la emplean últimamente. Yo me pregunto ¿quien cargará con la responsabilidad del daño que se le está haciendo a España? ¿Quien tendrá que soportar las consecuencias?. Esta crisis inexistente, de momento nos está afectando a nosotros, pues el miedo que están inculcando retrae la economía, siempre asustadiza, y produce, como efecto inmediato, un encarecimiento de los precios al consumo que tenemos que soportar quienes menos culpas tenemos de todo.. ¿Qué le parece? ¿Y usted qué piensa?

Dejados de la mano de Dios.

No recuerdo con exactitud donde he leído que en Zaragoza, el año que viene, con motivo de la celebración de la 4ª Exposición Universal, quieren dragar el río Ebro, aniquilando parte de su ecosistema y eliminando el histórico puente de piedra que lo cruza, lo que obviamente es dar un puntapié a la ecología y a la cultura sin ningún tipo de miramientos, y al parecer sin que nadie diga absolutamente nada al respecto.
Algo similar ya ocurrió en Valencia, ciudad que vació el Turia para ganar el terreno que ocupaba su curso natural, lugar donde han instalado la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, el Oceanográfico, el Museo de las Ciencias, el Palau de la Ópera, etc., lo que ha supuesto la modernización de la ciudad y una apuesta firme por el turismo, sector en evidente crecimiento, por suerte para ellos.
Ante noticias como estas, yo me pregunto si no estaremos haciendo el gili por estos lares, porque fijo que en el Ebro y en el Turia vivían en su día tantos o más pajaritos que en nuestro triste, mal oliente y abandonado parque natural, pero aquellos parajes se modifican sin más y a éste no hay quien lo toque. ¿Y eso por qué es así? Al final va a ser cierto eso que dicen de que Cádiz, y por tanto también la Isla, no es el sur de Europa, sino el norte de África.
La Isla necesita crecer necesariamente, y es indignante que para ello se tenga que mendigar terreno al Ministerio de Defensa, más aún teniendo en cuenta la noticia publicada en días pasados, por este mismo medio, que daba a conocer la desafectación de terreno en Tarragona para la construcción de viviendas sociales.
Hablando con un amigo de estos temas, alguien precisamente con quien no comparto en absoluto ideología política, coincidíamos desde nuestras diferentes formas de entender el mundo, que la Isla necesita de políticos que sepan defender nuestros intereses, con independencia de las siglas y las tácticas centralistas de partidos.
Entre los políticos de San Fernando debería existir una unión inquebrantable para la defensa de los intereses de esta tierra, porque se hace obvio que lo contrario impide el desarrollo y el progreso.
La confrontación sólo sirve para procurarse poder allí donde verdaderamente hay, pero ¿qué pasa con localidades con realidades diferentes de los grandes núcleos urbanos? ¿Nos atañen los intereses de los grandes partidos en su lucha por el poder? Creo que, aún teniendo que ir de su mano, no deberíamos olvidar jamás quienes son y para que están ellos y quienes somos nosotros y qué necesitamos.
No obstante, también es muy complicado hacerse notar desde un partido minoritario sin representación parlamentaria en Madrid y en Sevilla, pues para imponerse y hacerse respetar no basta con la posible valía, la ilusión y el empeño que se pudiera poner.
Con ello pretendo decir que considero que la Isla necesita un cambio político inminente, para que de una vez por todas estemos verdaderamente representados y seamos respetados por Andalucía y el resto de España. Somos una ciudad de cien mil habitantes que aún no tiene claro el rumbo que debe tomar. Sólo sabemos donde estamos, en un lugar carente de futuro donde se nos perjudica a diario. Los políticos, aquellos que verdaderamente tengan una vocación de servicio y de entrega a su pueblo, coincidirán conmigo. Obviamente, no aquellos que vean en la política una profesión de la que vivir. No obstante, estos me dan igual, porque ellos son precisamente los que verdaderamente sobran.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

¿Qué celebramos en estas fechas?

La pregunta, a priori, podría parecer estúpida, pues cualquier cristiano me respondería al instante que el nacimiento de Jesús, la Natividad del Señor. Pero ¿cómo es que celebramos ésa efeméride si sabemos que no es cierto que el Señor naciera cuando creíamos? Según los grandes teólogos de nuestro tiempo, poco o nada se conoce de la infancia de Jesús. Algunos evangelistas, como San Pablo, se niegan a hablar de ella porque mantienen la tesis de que sólo ha de trascender la parte verdaderamente importante de la vida del Maestro, su vida pública, su muerte y su resurrección, posiblemente para evitar la tentación de convertirlo en un fetiche más de nuestra fe.
Creo que el hombre es un ser creyente por naturaleza, así se puede comprobar en las pinturas rupestres y en las más contemporáneas creaciones artísticas, en las que es relativamente sencillo descubrir la dependencia del ser humano a una fuerza superior que sostenga y guía su destino. El hombre es tan pequeño, tan insignificante en el mundo donde vive, y se encuentra tan sólo y desorientado, que es necesario para su supervivencia la idea de un dios poderoso donde sostenerse, alguien en quien crecer y en quien fortalecerse. El concepto de dios es necesario, e independiente a las distintas doctrinas religiosas existentes en el mundo, el hombre cree por naturaleza, aunque lo haga de forma pagana.
Por eso no coinciden las fechas ni los hechos históricos del nacimiento de Jesús, porque la Iglesia ha sido la gestora durante muchísimo tiempo de esta necesidad natural del hombre, y ha ido encajando, como si de un puzle se tratara, los distintos signos para convencernos de que aquel hombre que vivió y murió por el resto era verdaderamente el Hijo de Dios.
Los judíos basaban sus creencias en las Sagradas Escrituras, las que interpretaban escrupulosamente. Sólo aceptarían a un Mesías en cuya persona se cumplieran todas las profecías. Por eso José pertenece a la estirpe del Rey David, y por ello las cosas están ordenadas tal y como lo están.
Motivados en la idea de consolidar a Jesús como el Mesías esperado por el pueblo de Israel, algunos evangelistas, canónicos y apócrifos, se aventuran a contarnos su nacimiento e infancia, pero basándose en narraciones que ya existían anteriormente. Ellos sólo buscaban fortalecer la imagen de Jesús con un auto de fe que lo proclamara efectivamente el Rey de la Humanidad, pero lo cierto es que Jesús no nació en la fecha que celebramos y muy posiblemente ni siquiera lo hiciera en Belén, tal y como nos cuenta la tradición. Los hechos que nos narra Lucas sobre la anunciación del Arcángel Gabriel a la Virgen María, tal y como predican algunos sacerdotes, son demasiado similares a los acontecidos muchísimo antes a otra virgen desposada con un rey y que engendraría por obra del Espíritu al Profeta Isaías. ¿Y porque se cuenta así? Posiblemente porque en aquel tiempo, nacer de aquella forma tan singular, significaba realeza. Los reyes egipcios nacían así, engendrados siempre en vírgenes por obra del espíritu. Afirmar esto de Jesús implicaba por tanto concederle naturaleza real, algo necesario para ensalzarlo en busca de su condición Divina.
¿Tiene entonces sentido celebrar la Navidad? Para mí sí. Todo el sentido del mundo, pues pienso igual que Pablo. ¿Qué importancia tiene para mi relación personal con Dios la verdadera historia del nacimiento e infancia de Jesús? Lo verdaderamente importante es su ejemplo de vida y su mensaje. Palabras de esperanza y de salvación a las que no renunciaría por nada del mundo. Feliz Navidad.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Divertida controversia

La mantenida por D. Manuel Zambrano y D. Enrique Montiel, en un periódico de la competencia, al hilo del incumplimiento de las promesas que hiciera en su día el PP a la Asociación de Vecinos Casco Histórico sobre la modificación del PEPRICH, caso de llegar a gobernar en San Fernando.
Divertida y sorprendente, sobre todo por la forma en que el Sr. Montiel defiende a Carmen Pedemonte, advirtiendo de que abrir cualquier discusión sobre sus incumplimientos electorales conlleva el riesgo de aplanar el camino hacia la alcaldía de López Gil, algo que dice ciertamente de una forma que parece como si nos estuviera advirtiendo de la llegada del temido lobo, faltando claramente al respeto de todas aquellas personas que votaron al PSOE y, por supuesto, también al candidato, quien por cierto, quiero subrayar que fue el legítimo ganador de las ultimas elecciones y el que está demostrando una mayor coherencia política.
Muchísimo más interesante me parece la respuesta del Sr. Zambrano, mostrando claramente un sentido más democrático, pues además de respetar y reconocer al partido de la oposición como una opción lícita, válida y posible para gobernar, como cualquier otra fuerza política legar que libremente se presente a los comicios, se reafirma en sus postulados sobre el lamentable plan urbanístico encabezado por la Sra. Pedemonte, opinando con libertad y exhibiendo una claridad mental realmente envidiable. Coincido con él al opinar que nadie debiera escudarse en un pacto (de contenido desconocido), y muchísimo menos justificarse con no ser la Alcaldesa. Obviamente no lo es, pero sí la responsable del área urbanística, sin que haya tenido los jarretes necesarios para cambiar la política mantenida hasta el momento por el PA, antes tan criticada por ella misma, a pesar de tener poder para hacerlo.
A este segundo escrito responde el Sr. Montiel con otro en el que reitera su defensa al gobierno local, justificando la subida de los impuestos con el encarecimiento de una retahíla insufrible de artículos de alimentación. Confiesa el escritor que el mismo Alcalde le ha mandado una carta para explicarle los números de la subida. Para mi gusto, una forma algo pretenciosa de comenzar el escrito, pero allá cada cual. No obstante, tanto besar la oreja del poder establecido me llevan a poner en tela de juicio las opiniones de ésta ilustre persona, pues aunque tiene todo el derecho del mundo para decir lo que le venga en gana, que para eso hay libertad de expresión, opino que debería de hacerlo con mayor independencia, dicho esto con todo el respeto del mundo.
No obstante, el más divertido de todos estos escritos es el último, firmado por la mismísima Sra. Pedemonte, quien se suma al carro de las opiniones en prensa, pero para defenderse personalmente, reprendiendo de forma sesgada al Sr. Zambrano, a quien culpa de falta de lealtad, restregándole su amistad, y bla bla bla. ¿Chantaje emocional? Patético. Realmente lamentable para una política de su talla.
La Sra. Pedemonte no debería de entrar al trapo de nadie que opine sobre su gestión política en el Ayuntamiento. Creo que debería mostrarse muchísimo más tolerante con las opiniones de los ciudadanos descontentos, más incluso de éste, quien al margen de ser, al parecer, un gran amigo suyo, es una persona a tener muy en cuenta por su valía personal. Ella debería entender que es carne de cañón, le guste o no. Para eso se presentó y para eso ejerce como Jefa de Urbanismo. Soportar las críticas al cargo que ostenta entra dentro del sueldo.
Nunca llueve a gusto de todos, y lo del PP, lo reconozcan o no, ha sido una rotunda bajada de pantalones.Feliz Navidad a todos.

martes, 11 de diciembre de 2007

La caverna.

Existe un punto de inflexión en la historia particular de algunas personas tras el que la dignidad humana que le es propia por naturaleza es vencida, y las convierten, irremediablemente, en animales que obedecen la voz de su amo. Son los nuevos esclavos. Se trata de un instante en el que la vida pierde todo su valor, y que sería del todo insuperable, a no ser que se cuente con una poderosa luz interior que, independientemente de la anulada y maltrecha que tenga su voluntad, guíe al hombre y lo ayude a trazar una nimia línea que rija sus pasos sin sentido hasta lograr alcanzar una situación mejor, en la que todo su martirio haya pasado.
Y es que, por más que no queramos reconocerlo, por más que escondamos la cabeza debajo del ala para no tener que mirar, la esclavitud y la trata de personas existe hoy día para vergüenza de nuestro tiempo y de nuestra sociedad. ¿Qué son sino esas jóvenes que traen engañadas para ser explotadas sexualmente? Ellas pertenecen a un mundo corrompido del que no podrán escapar sin poner en peligro sus vidas.
Las más afortunadas, aquellas que cuenten con esa luz interior que les ayude y les de fuerzas, conseguirán de alguna forma volver a valorar sus propias vidas por encima de la constante humillación que sufren, pero ¿qué pasará con aquellas que sean incapaces de enfrentarse a su tragedia? Seguro que morirán.
Existe otra clase de esclavos que, siendo menos llamativos que las prostitutas, sienten también en sus carnes la opresión y el látigo del egoísmo desmesurado de gente sin corazón que no tienen escrúpulos. Son carne de negreros que no dudan en explotarlos sin respetar sus derechos laborales ni sociales. Mal llamados empresarios, que pisotean a sus trabajadores y se nutren de su sangre imponiendo jornadas interminables en las que se trabaja sin descanso, con salarios ridículos que sólo dan para subsistir de mala manera, con toda la inseguridad y los riesgos del mundo. Estos trabajadores también son maltratados psicológicamente con el chantaje de perder el puesto de trabajo si no entran por el aro, además de sufrir otros abusos, como ser extorsionados para que el embaucador pueda enriquecerse ilícitamente. Estos trabajan hasta la extenuación, hasta perder la óptica de cualquier horizonte posible. Cuando todo se torna negro e infinito, también alguno de ellos sienten dentro de sí esa poderosa fuerza que les sirve como resorte para mantenerse de pie y revelarse. Es la esperanza, la ilusión de que ese momento pasará y todo recabará en justicia y felicidad. En ello radica la esencia del valor. Ésa es la dignidad humana. Cualquier hombre independiente, nunca debería ser privado de la libertad, de su libertad abstracta y absoluta, una libertad que a veces se pierde por su capacidad de amar y entregarse a los demás.
Contra estos explotadores, no existe lucha ni ayuda posible. Los gritos de socorro brotan desde el alma de su gente, pero son gritos mudos que nadie puede oír, sólo quienes han gritado así alguna vez pueden entender de qué se trata. Son alaridos sin sonido que escapan por los ojos. Miradas que nacen cuando no quedan fuerzas para las palabras. No existen quejas, y aunque ceder ante la dominación pudiera parecer un acto de rendición, es todo lo contrario. En la derrota de la voluntad, en el despotismo del otro, en el clamor del cansancio y en esos gritos callados, se forja el ímpetu más poderoso que jamás pudiera sentir el hombre que sabe que todo pasará, y cuando así sea, se elevará hasta un lugar donde nunca más volverá a ser vencido. Sólo la carne del hombre puede rebajarse a la esclavitud. Jamás el alma. El alma es el arma más poderosa y temible de que dispone. Aquellos que no la respeten, terminaran siendo pisoteados, execrados para la comunión de los justos, cuando éstos decidan que ya es tiempo de salir.

martes, 4 de diciembre de 2007

Problemática de la zona azul.

La zona azul en la Isla está generando problemas que por lo visto nadie había previsto y de los que alguien se tendrá obligatoriamente que hacer responsable, por ejemplo, el que padecemos los vecinos de la calle Mazarredo desde que Gravina y Maestro Portela se han señalizado como zona azul, y es que, al margen de que estacionar en Mazarredo está prohibido, y de hecho incluso han multado en alguna que otra ocasión, retirando los vehículos con la grúa, la única zona cercana para aparcar es Gravina o Ancha, y nos vemos obligados, obviamente, a pagar por hacerlo, si no queremos dejar el coche en las quimbambas. Ello significa que sufrimos los mismos problemas de los considerados residentes sin que nos reconozcan esta condición. ¿Es justo? No se trata de protestar por tener que pagar obligatoriamente para poder aparcar, sino de exponer el problema que se nos ocasiona, sin quererlo ni comerlo, a los que vivimos en la calle de en medio, donde a pesar de no poderse aparcar lícitamente, nos vemos también imposibilitado de poderlo hacer porque la calle se colapsa diariamente de vehículos que buscan estacionamiento gratuito, incluso siendo ilegal y arriesgándose a ser multados. Todo esto agravado con la actitud del listo de turno que sabe perfectamente cómo eludir los impuestos y la forma de evitar los permisos pertinentes para montar una empresa, y que emplea por toda la cara la bocacalle Mazarredo - San Rafael para publicitar los vehículos que constantemente pone en venta, usando la esquina como un escaparate gratuito, en detrimento de los derechos de todos los vecinos y del resto de comerciantes que ven como ése se lucra ilícitamente empleando la calle pública como un negocio privado, sin que las autoridades hagan absolutamente nada por evitarlo.
La calle Mazarredo no es zona azul, no puede serlo, pero teniendo en cuenta que se colapsa a diario de vehículos mal aparcados por haberla rodeado de calles que sí lo son, ¿no sería justo considerarnos a los vecinos de ésta como residentes? Yo creo sinceramente que sí, pues al encerrarnos entre dos calles zona azul se repercute muy negativamente en las posibilidades de encontrar estacionamiento, un derecho que ya adquirimos al pagar el impuesto de circulación. ¿O no? La norma es la norma, y está para ser aplicada y cumplida, indiscutiblemente, pero cualquier reglamento que se precie, debería tener la suficiente mano izquierda como para aplicarse con justicia, pues su interpretación estricta podría incurrir en situaciones de desigualdad e injusticia, como la que sufrimos los vecinos de Mazarredo por esta circunstancia en la que seguro no pensó antes nadie. Supongo que como nosotros, habrá más personas en la Isla, y ello es fruto de la improvisación y la mala gestión a la que nos están acostumbrado, lamentablemente, este equipo de gobierno que no da una a derechas.
Visto lo visto, exijo la categoría de residentes de todos los afectados por la zona azul, sean vecinos reales o de aproximación , para afrontar con justicia la repercusiones negativas que nos originan y poder aparcar sin tener que gastarnos una fortuna diaria. Estoy convencido de que esto es lo lógico y coherente. De todas formas, tampoco creo que seamos tantos, ni que mermemos por ello las arcas municipales, que últimamente padece una vorágine de apetito económico que no recordábamos desde hace muchísimo tiempo, con esto de tanto recaudar y subir los impuestos. Es obvio que la Isla no llega a fin de mes y no creo que sea porque los ciudadanos no paguemos. San Fernando es una de las localidades más pobladas, y por tanto, de las que más ingreso generan, ¿Cómo entonces ocurren estas cosas?