
Esconderé los recuerdos en el cajón cerrado
de cualquier mueble de mi casa
para dormir los susurros del pasado.
Lavaré mi rostro bien temprano
antes de que llegue la muerte o surja el llanto
y abriré la tierra por cubrirte.
Te escaparás entonces,
como insecto que se avienta por los zócalos,
buscando caminos hasta mí,
pero nunca más. Yo ya me habré ido
y te habré repudiado sin perdón,
te habré olvidado.
Profanaras mi ausencia,
pecando con el zumbido molesto de un teléfono marcado
que sonará impertinente, matando mis silencios,
y no habrá voz.
No habrá respuesta.
Buscarás el recoveco
de un regazo abierto,
o el susurro gelatinoso de unos labios.
Añorarás mis besos y mis manos,
que cerradas estarán, sellados con cemento,
obviando sin piedad todo momento
que te contenga a ti,
mi amor errado.
No hay lamentos.
de cualquier mueble de mi casa
para dormir los susurros del pasado.
Lavaré mi rostro bien temprano
antes de que llegue la muerte o surja el llanto
y abriré la tierra por cubrirte.
Te escaparás entonces,
como insecto que se avienta por los zócalos,
buscando caminos hasta mí,
pero nunca más. Yo ya me habré ido
y te habré repudiado sin perdón,
te habré olvidado.
Profanaras mi ausencia,
pecando con el zumbido molesto de un teléfono marcado
que sonará impertinente, matando mis silencios,
y no habrá voz.
No habrá respuesta.
Buscarás el recoveco
de un regazo abierto,
o el susurro gelatinoso de unos labios.
Añorarás mis besos y mis manos,
que cerradas estarán, sellados con cemento,
obviando sin piedad todo momento
que te contenga a ti,
mi amor errado.
No hay lamentos.




