jueves, 19 de julio de 2007

Un repaso a la Feria del Carmen

Este año, de nota media, un aprobado alto, destacando el papel de todos los profesionales que han tenido que trabajar para que muchos nos divirtiéramos, especialmente a los sanitarios del puesto de socorro, a la policía, protección civil, personal de limpieza, transporte público, y tantos otros implicados que resultaría imposible mencionarlos a todos.
En cuanto a los políticos, poco tengo que decir. Para bien o para mal no son los responsable de las pasadas fiestas, pues éstas han sido la herencia inmediata de la delegada saliente, Rosario Álvarez, quien dicho sea de paso, ha dejado el pabellón bien alto. ¿No hubiese sido esta una magnifica ocasión para despedirla con honores por su buen hacer, y hacer que salga por la puerta grande, como merece?
En cuanto a las casetas que componen la atracción más importante del ferial, felicitar sobre todo a los abnegados cofrades que se hartan de trabajar todos los años sin más interés que el beneficiar a sus Hermandades y Cofradías. En cuanto a ellos, se me ocurre que, teniendo en cuenta la ridícula subvención anual que aporta el Ayuntamiento para el sostenimiento y potenciación de nuestra Semana Santa, sobre todo si la comparamos con la que reciben mensualmente los partidos políticos, ya les valdría mucho más no gravarles con el alquiler del terreno, porque me parece vergonzoso que se explote económicamente a este tipo de entidades que trabajan sin ánimo de lucro. Eximirlas del pago de los terrenos en feria es una buena forma de potenciar la Semana Santa, y la Feria al mismo tiempo, porque tal y como está montado el cotarro, sólo las clásicas de siempre ganan dinero. El resto lo pierde, y así, no hay quien se atreva, y menos con esa competencia desleal de las casetas de los partidos políticos, que sin ser entidades oficiales, al financiarse con mucho dinero público, pueden montar casetas en las que se encuentra el mejor servicio, los mejores escenarios, los mejores menús y las mejores actuaciones. Así cualquiera, ¿no te jode?
Felicitar también a todos esos que no han dormido en toda la feria con el ansia de salir en la foto. Se les nota el entusiasmo. Espero que no se quede en eso, y a partir de ahora se dediquen a trabajan en beneficio de los intereses de la ciudadanía y no derrochen su tiempo, público, en figurar. Y por último, un guiño de complicidad a los menos acostumbrados al trajín de la farándula. Los pobres se han visto desbordados y han tenido que robar tiempo a los quehaceres de sus casas y al amor de sus familias. El cargo lo lleva intrínseco. Aquí no hay horarios. Son políticos, no funcionarios, y aunque se cansen y se desesperen por no poder llevar a montar a sus hijos en los cacharritos, espero que les hayan encontrado el regustillo a la cosa y que no salgan huyendo, porque la Isla los necesita. Para todos ellos un abrazo y el mejor ánimo. Espero que una vez pasada la fiesta, las aguas vuelvan a su cauce y se puedan organizar mejor, en beneficio de todos.
Por último, reiterar mi agradecimiento a los organizadores de la caseta Al Relente, por haber conseguido con imaginación, generosidad y buena predisposición, que muchos hayamos vivido una gran feria. El excelente ambiente que siempre tuvo, en absoluto ha sido fruto de la improvisación. Todo lo contrario, aquello se ha asentado con premeditación y alevosía, por tanto, para todos ellos, mi más sincera enhorabuena por la caseta de mejor y más tronío este año.

jueves, 12 de julio de 2007

Al Relente

Bonito nombre para una caseta de feria, ¿no les parece? Pues esa es la mía, Al Relente, una caseta que ha surgido de la buena voluntad, y mejor idea, de un grupo de personas que han pensado que la gente también se puede agrupar para pasárselo bien y disfrutar, y así lo han hecho, congregando a un total de 42 parejas que nos vimos por primera vez el pasado miércoles 11, día del alumbrado, bajo los toldos de la susodicha, y en torno a unas mesas donde cenamos, en un magnífico ambiente de confraternidad.
Que yo recuerde, es la primera vez en toda mi vida que haya cenado en la feria a mesa y mantel, como si se tratara de un restaurante de cuatro tenedores. Allí nos dimos cita aquel grupo variopinto de personas, algunas conocidas, otras no, detalle en absoluto importante, pues todos acudimos con el único fin de pasárnoslo lo mejor posible. Las mesas ataviadas con elegancia, el menú excelente, y tras la cena, una brillante transformación de la caseta en pista de baile, no tan improvisada como a priori se pudiera pensar, y donde todos nos divertimos haciendo cada cual lo que podía. Hasta mi amigo Antonio bailó, algo que para mí era impensable, dado su empaque de abogado formal y serio. (Por cierto, magnífica forma de bailar las sevillanas al estilo de la chica Yeye)
Para eso es la feria, para que nos olvidemos por unos días de las preocupaciones con las que cargamos el resto del año y divertirnos en compañía de la gente a la que apreciamos y con quienes disfrutamos compartiendo el tiempo, la conversación, y una buena copa.
Esta iniciativa de formar un grupo para montar una caseta me parece genial, una idea muy acertada, entre otras cosas, porque a diferencia de lo que les suceden a muchas casetas donde estaban cazando moscas, en ésta la gente reía, bailaba, charlaba y se divertía porque estaba cargada de sentido y de motivación, repleta hasta la bola, rebosante de alegría.
Es bueno que existan personas que se animen y se movilicen con el único fin de llevar a buen término iniciativas como éstas. Cierto es que para ello es necesario ser medianamente generoso y tener muy buen humor, como parecen tener los que han asumido la cabecera de “Al Relente”, una junta directiva que se ha encargado de todos los detalles, con el único fin de hacer posible que el resto disfrutara en el recinto ferial sin preocuparse de nada. Desde aquí les doy las gracias a todos ellos, y a quienes contaron conmigo para incluirme en esa afortunada lista de las 42 parejas, y les insto a que repitan el año próximo, o que no esperen tanto y nos llamen por Navidad, carnavales o cualquier otra circunstancia que pueda justificar un reencuentro de amigos para pasárselo bien. No obstante, si repiten, que cuenten conmigo. Yo me apunto de antemano.
Esta es una idea que les propongo a todos. Olviden alguna que otra vez esas malditas defensas que usan para separarse de la gente. Bajen las barreras y descóquense. Atrévanse a dar un primer paso para acercarse a su vecino, a un compañero de trabajo, a ése hermano o ése cuñado con el que no habla desde hace meses, y propóngale juntarse para pasárselo bien. ¿No les merece la pena? ¿Acaso no merecen ser felices?
No se trata de poder adquisitivo, ni de clases sociales. No es dinero. Sólo se trata de esforzarse en buscar la felicidad, y ésta, generalmente se encuentra en la convivencia con nuestros semejantes, para quienes debemos estar siempre abiertos y en constante disposición de compartir. No todo va a ser lágrimas en este valle. Sonría, beba, baile, cante, toque las palmas y la guitarra, si es que sabe. Sea feliz, ¡hombre!, porque al final, aquí vamos a estar dos días, y uno está nublado. FELIZ FERIA.

lunes, 2 de julio de 2007

El discurso de José Carlos Fernández


El 15 de mayo del presente, día en el que se presenta mi novela “La Rosa del Sur”, José Carlos Fernández me regala un pequeño librito titulado “Memorial de 50 años. La Voz del Cofrade como Laico del siglo XXI”, el cual contiene el discurso que pronunció en conmemoración del Cincuentenario fundacional de la Hermandad de la Misericordia.
Confieso, que a pesar del boato del título, esperaba encontrarme con uno de tantos pregones cofrades al uso, pero para mi sorpresa no fue así. A diferencia de lo que suele ocurrir en estos casos, el texto estaba perfectamente estructurado, cosa muy de agradecer, pues he asistido muchas veces a pregones en los que uno no sabe a ciencia cierta en qué punto de la retórica se encuentra el exaltante, y en los que lo que se presiente como un final deseado, se convierte para la desdicha del oyente, en un punto y seguido. Pregones que se hicieron eternos y pesados, con hasta cinco finales, y que destacaron, sobre todo, por su falta de contenido. Pero este era distinto, organizado perfectamente en capítulos, para beneficiar, obviamente, al pobre que se iba a pegar una hora, o más, mortificando su trasero en el incómodo banco de madera de la iglesia.
Comienza hablando de la fundación de la Hermandad, de la Isla y de la Semana Santa de 1957, y lo hace utilizando, en dosis muy bien medidas y proporcionadas, una literatura que calificaría de costumbrista y que nos induce a recordar, más bien a soñar, aquel paisaje de entonces, aquellas personas y aquella época pasada. Se denota un halo de añoranza por la juventud perdida, y por todo aquello que conformó su vida, la vida de un cofrade cualquiera de aquel tiempo. Cuenta gratamente el devenir de la Misericordia, y cómo poco a poco se va constituyendo en la gran Hermandad que es hoy. Recuerda el disgusto que supuso el incendio del Cristo y la alegría de la bendición de la Virgen de la Piedad. Pero llegado a este punto, desgarrado de cualquier sentimentalismo, describe con valentía la actualidad de su Hermandad, del mundo cofrade en general, y nos la muestra desnuda ante nuestros ojos, exenta de hipócritas adornos y cargada de verdades, verdades que duelen como puñetazos, pero verdades al fin y al cabo que, alguien, cualquiera, debía de exponer en la palestra.
José Carlos Fernández, con este discurso, demuestra con valentía sin igual la persona que es, el cofrade en el que se ha convertido tras evolucionar en estos cincuenta años. Un hombre de fe que busca en la práctica cofrade una forma verdadera de hallar a Cristo. Las procesiones no pueden ser sólo una manifestación tradicional de la cultura religiosa popular. No debe ser un mero espectáculo folklórico. Comitivas sin sentido que no vayan mas allá del colorido romántico que suponen. El cofrade no se puede quedar en eso, porque ello convertiría esta predicación plástica en simples carrozas de cabalgata, en el mal denominado, por nuestros detractores, carnaval de los curas.
Las hermandades y cofradías han de afrontar el reto del presente y del futuro con la motivación esencial de cargarse de sentido. En el ámbito social deben encontrar un filón. Así nacieron, y a ello deben aspirar, para tener un por qué, para no convertir esto en un espectáculo lujoso en que se termine adorando al becerro de oro.
A Jesucristo, el cristiano verdadero no lo ha de buscar en una talla de madera, sino en los ojos de sus semejantes y en los suyos propios. No hay un Cristo más vivo, más real, que aquellos con los que convivimos, que aquellos que somos. El resto, si carece de esto, es simplemente jugar a vestir muñecas. Por tanto, enhorabuena José Carlos. Me descubro ante usted, ante su maestría y su valentía. Sepa que la verdad siempre nos hará libres, a pesar de que a veces, también nos deje solos.

jueves, 28 de junio de 2007

El Cantar del Mío Cid.


Hará unos días, se quejaba el escritor Juan Manuel de Prada, del pasotismo institucional existente hacia el Cantar del Mío Cid, pieza literaria que comparaba al mismísimo Quijote, pero con dos siglos más de antigüedad, pues según éste, debería encontrarse celebrando su séptimo centenario, en vez de estar olvidado.
Más o menos afirmaba que le parecía injusto que Rodrigo Díaz de Vivar fuera condenado al ostracismo por haber sido mal usado por el régimen franquista, al emplearlo como ejemplo en su nacionalismo exacerbado, reivindicación curiosa, cuanto menos, teniendo en cuenta el personaje del que se trata.
El régimen franquista, al usar al personaje histórico como estandarte de la unidad nacional, sólo consiguió, obviamente sin querer, dejar patente su incultura, pues Rodrigo Díaz pudo ser tildado de muchas cosas, pero en absoluto de nacionalista.
Que se sepa, luchó entre 1063 y 1072 con el rey Don Sancho, no por ideales ni patriotismo, sino por la gran amistad que le unía a este monarca, pues eran casi hermanos, ya que al morir su padre, Diego Laínez, noble caballero de la Corte Castellana, fue recogido por el Rey Fernando I, quien lo crió junto a su hijo.
De manos de Don Sancho, una vez que éste fue rey, forja su leyenda y obtiene el título “Campidoctor”, o “Campeador”, al vencer al alférez del reino de Navarra, pero al morir Sancho II, el nuevo monarca, Alfonso VI, lo destierra de Castilla y se tiene que refugiar en Zaragoza acompañado de unos 300 caballeros, con los que formó su ejercito personal para luchar en el Levante.
En 1087 trata de volver, pero su relación con el monarca castellano es imposible, por lo que regresa a Valencia para convertirse en el protector del rey Al-Cádir, para quien somete a los reyezuelos de Albarracín y Alpuente.
Tres años después, el almorávide Yusuf cruza el estrecho de Gibraltar y el rey Alfonso, asustado ante lo que se le avecinaba, le llama reclamándole sus servicios y su fidelidad, pero al ser imposible el entendimiento entre ambos, lo destierra de nuevo por segunda vez. Poco a poco el Cid va acrecentando su fama, al hacerse señor de los reinos moros de Lérida, Tortosa, Valencia y Denia, al contrario que el monarca, cuya fama va decreciendo entre sus súbditos.
Sobre 1093, matan a su protegido Al-Cádir, y toma la ciudad Ben Yehhaf. El Cid lo asedia durante 19 meses y finalmente lo vence y entra triunfante en Valencia en junio de 1094.
Muere el 10 de julio de 1099, tras haber tenido que vivir la trágica pérdida de su único hijo varón, Diego, en la batalla de Consuegra.
Cuento todo esto para poder contradecir a Juan Manuel de Prada, pues cualquiera que interprete la Historia con cierta neutralidad, lejanía y sentido crítico, escapa con facilidad de las falsas verdades que se han ido postulando en aras de los intereses de los bandos vencedores. La Historia es una gran prostituta que mitifica, no a quien lo merece, sino a quien interese en cada momento, al que ostente el poder. El Cid no fue quien nos contaron, ni su España fue la nuestra, por tanto no cabe celebración alguna por el séptimo centenario de su Cantar, que por cierto, y dicho sea de paso, ni siquiera se puede calificar de poesía, pues narra los hechos de un mito que inventó la cristiandad en aras de su lucha contra los moros. Por tanto, si existe alguna verdad en todo esto, es que Don Quijote sigue siendo único. Así debería aceptarlo de Prada.

jueves, 21 de junio de 2007

Política empírica


Pues la verdad es que ando un pelín liado con los políticos, porque dicen una cosa y luego hacen otra. Les cuento: Me decía un gachó de pelo en pecho que el periódico “El Mundo” era, a juzgar por sus editoriales, un periódico radical de izquierdas. No sé si tendría razón, pero de ser esto cierto, “El Mundo” sería un periódico radical de izquierdas que lee la gente de derecha, algo parecido a lo que ocurre con “ABC”. A este otro periódico, le pasa lo mismo que a Ruiz Gallardón, que siendo un periódico de derechas, procura, ganarse lectores entre el personal de izquierdas que pulula por esta España tan nuestra. Y es que no siempre todo es lo que parece.
Algo parecido ocurre en nuestros bolsillos según el partido que gobierne. Un ejemplo claro, para que me entiendan a la primera, es lo de la burbuja inmobiliaria. Miren ustedes: Temí que el gobierno de Aznar, liberal y conservador donde los haya, favoreciera a las clases más pudientes de nuestro país, donde cuenta con la mayoría de sus votantes, pero no ocurrió así, sino todo lo contrario. Me explico: Fue precisamente con el gobierno de Aznar cuando me compré la casa en la que vivo, y pude hacerlo pagando una cuota mensual más o menos razonable de una hipoteca de quince años. Entonces me pareció muchísimo tiempo, pero visto lo visto, ustedes me dirán.
Luego, el del bigotito se empeñó en fotografiarse fumando un puro y con las patas por alto en las Azores, con Tony Blair y con George W. Bush, y recordarán lo que pasó, que en las últimas elecciones cambiaron las papeletas, y en contra de lo que cabría esperar, con el recién elegido gobierno socialista se estropeó aquel paréntesis de tranquilidad financiera del que disfrutábamos las humildes familias españolas, y los tipos de interés empezaron a subir hasta un punto en el que resulta impensable, hoy por hoy, poderse comprar un piso. Están a unos precios desorbitados. Algo inalcanzable para los que vivimos de una nómina, y eso sin mencionar lo que se han alargado en el tiempo, pues hoy, para poderse comprar una casa, hay que hipotecar hasta a nuestros hijos. Y no exagero. Son por tanto los bancos los que más ganan, tal y como ocurrió con el gobierno de Felipe González.
Zapatero enfoca la izquierda hacia el reconocimiento de los derechos de los gays y de las mujeres, cosa esta que no está mal, en absoluto, pero tampoco debería olvidar el partido socialista que ha sido secundado por millones de personas que trabajan por cuenta ajena y que sueñan con poder vivir de sus sueldos, cómodamente, con dignidad y en paz. Esto no es pedir demasiado, es esperar de la política lo que promete la Constitución, pero no ocurre así, pues hoy por hoy, si quieres comprarte una casa, te tienes que asociar con una pareja que también trabaje, y sumar los dos sueldos, si no es imposible. En la política local la cosa también tiene su intríngulis. Me pregunto qué pasaría si López Gil, relegado del poder municipal por el pacto entre PP y PA, cambiara su actitud en relación a temas importantes como el tranvía. Imagínense el panorama si el PSOE de San Fernando decidiera votar que no al tranvía. ¿Qué pasaría? Seguro que dejaría a más de uno con el culo al aire, como se suele decir, pero no creo que ocurra. López Gil no tiene tan mala leche, y hasta el momento ha demostrado ser un hombre consecuente, cabal, de palabra, y comprometido con el futuro y el progreso de nuestra ciudad. Más o menos como todos, ¿no?

lunes, 11 de junio de 2007

Carta a Manolo Fando:

Mi querido amigo: No quiero hablar de ti. Si te escribo, es para hablarte de mí, de lo que ha supuesto conocerte. Te ruego que me perdones por el atrevimiento y por la torpeza que seguramente mostraré al ser incapaz de expresar con claridad lo que pretendo, entre otras cosas, porque a los hombres nos cuesta muchísimo mostrar abiertamente nuestros sentimientos.
Yo me siento escritor por encima de todas las cosas. Escribir es lo más importante de mi vida, al margen de mi familia, por supuesto. Es por esa vocación, por la que cumplo fielmente con el compromiso adquirido con este periódico de opinar cada semana sobre temas de actualidad, principalmente de nuestra ciudad. Opinar se puede hacer de miles maneras diferentes, pero yo opté por la única forma que sé, que es con claridad, con sencillez y sobre todo, con honestidad. Siempre digo lo que siento, no disfrazo mi opinión para dorarle la píldora a nadie ni me escondo detrás de medias verdades para salvaguardar mis intereses personales. Actuar con esa vehemencia resulta, en la mayoría de los casos, nada prudente y poco inteligente, pues mostrarse tal cual es uno, sin esconder ninguna carta debajo de la manga, te deja a merced del enemigo. Me he acostumbrado a jugar en desventaja y eso me produce en el alma un curioso sentimiento de soledad, con el que tengo que luchar. Así es, amigo Manolo. Me siento tremendamente sólo cada vez que opino sobre temas que escuecen o molestan, porque muchos de los que se auto califican amigos míos, me sonríen y me dan palmaditas en la espalda, pero no son sinceros, pues se ejercitan en una hipocresía que les es innata y que vislumbro a ciencia cierta, para mi desdicha.
Ser como soy, es un problema para muchos, pues están los que me soportan a la fuerza, porque nos les queda más remedio, porque saben que en los tiempos que corren hay que respetar la diversidad de ideas. Estos me dejan estar, pero no me quieren. También están los hipócritas, esos que me besan cuando se encuentran a solas conmigo, pero que me vilipendian a la espalda. Los conozco a todos ellos y los perdono de corazón, pues sé de nuestra débil naturaleza humana. Ellos tampoco son mis amigos. Luego están los que abiertamente me rechazan, los que ni siquiera me miran a la cara y me obvian por lo que pienso. Te doy mi palabra de que nada tengo en contra ellos. Es más, en verdad son como yo, pero al revés. Estos al menos se merecen todo mi respeto. Por último, el grupo reducidísimo de mis verdaderos amigos, esos que al margen de las ideas, me aceptan y me quieren tal y como soy. A ellos me debo, pero son tan pocos, que no pueden paliar ese extraño sentimiento de soledad que experimento cada vez que expongo mi opinión a bocajarro. Esto que te cuento, es lo que hace ciertamente importantísimo el haberte conocido, entre otras cosas, porque entre tu y yo no ha faltado ese guiño de complicidad que nos hacemos los que pensamos igual. Tu has participado de mi vehemencia con tus constantes felicitaciones, y por tanto, has compartido conmigo ese mundo de claridad y de verdad. Podemos estar los dos tremendamente equivocados, es posible que así sea, pero no nos avergonzamos al afirmar, con contundencia y valentía, lo que somos. Tú, una gran persona a la que desde estas líneas le quiero trasmitir toda la esperanza y la fuerza del mundo. ¡ Lucha amigo! Lucha con coraje y trata de vencer tu enfermedad. Hazlo porque los hombres como tú palian en parte la soledad que sienten en el alma los hombre como yo. Un fuerte abrazo de todo corazón.