"Maneras de ver, maneras de entender", solo pretende ser un blog donde expresar, con la mayor objetividad posible, todo aquello que piense y tenga la necesidad de comunicar, por tanto, simple y sencillamente será un espacio para compartir mi particular manera de entender el mundo, sin dogmatizar ni sentar cátedra. Aquí encontrarás mis artículos de opinión publicados en los medios de comunicación, mis textos, mis relatos, mis NOVELAS Y POEMAS, y por supuesto mis opiniones.
lunes, 1 de abril de 2013
miércoles, 20 de marzo de 2013
Homenaje a la memoria de Juan José Castañeda
Noche,
porque fue de noche
cuando las sirenas
estridentes y amarillas
gritaron alocadas.
Noche,
porque fue de
noche,
con la luna
ausente,
tapada por el humo
que ascendía
queriendo escapar
del aire.
Cuando tus ojos se cerraron de repente,
rompiendo
aquel regreso
truncando
aquel reencuentro
de
amigos para siempre.
Y tu luz murió
sesgando un mundo
de sonrisas,
un mundo de miradas
de terciopelo azul
bordado.
Noche,
porque fue de noche
cuando dejamos de
ser niños
fortalecidos en el pesar inevitable de tu muerte.
Ignacio Bermejo
domingo, 3 de marzo de 2013
viernes, 25 de enero de 2013
La Tienda del Tiempo Perdido
Tras el primer experimento, el texto anterior que he titulado "El Museo de los Sueños Olvidados", mi amigo Javier León me propone un nuevo reto, esta vez sobre una casa que custodia el tiempo que hemos perdido. "La Tienda del Tiempo Perdido" lo he titulado. Espero que os guste. Leed el texto oyendo esta música:
Oscureció mientras
nos acercábamos a la ciudad que empezaba a brillar en el horizonte como un firmamento de mil estrellas.
Tras atracar, desembarcamos
en el puerto, dejando atrás la fría oscuridad del mar, sintiendo en el alma, una vez más, esa paz de quien por fin se sabe a salvo. Volver a tierra firme, después de tanto
tiempo, era motivo suficiente para sentirse
feliz. Había que celebrarlo, así que nos adentramos, subiendo por la calle más próxima, en busca de
un sitio cálido donde refugiarnos del frio y la humedad de la noche, algún lugar que nos
ofreciera un plato caliente de sopa y un buen vaso de vino, cuando vimos, a pocos
metros de allí, aquella extraordinaria
casa que rezumaba magia por todas sus esquinas.
Nos acercábamos curiosos hasta el ventanal más
grande, nos asomamos dentro y descubrimos, perplejos y asombrados, que las
paredes del interior estaban llenas de pequeños cajones que subían desde el
suelo hasta el techo.
Algunas personas entraban en aquella tienda en
busca de algo que no atinábamos a vislumbrar. Lo hacían serias, preocupadas,
algunas incluso compungidas, pesarosas y dolidas, pero aquella tristeza que
mostraban al entrar, se desvanecía al
tiempo que un pequeño hombrecillo, subido en una escalera de madera, les
atendía amablemente abriendo alguno de aquellos cajones, de los que parecía
salir un soplo de alegría o una brizna de vida.
-Disculpe Señor- preguntamos a uno que salía de
allí tan contento. -¿Nos puede decir qué venden aquí?- Aquel hombre sonriente,
nos miró complacido y muy gentilmente nos contestó:
-Aquí no venden nada. Aquí tan solo podemos
recuperar el tiempo que alguna vez perdimos.
Ignacio Bermejo Martínez
EL MUSEO DE LOS SUEÑOS
Pincha en esta música y lee el texto que publico seguidamente:
LA CASA ENCANTADA
“Alguien me dijo alguna vez que nunca se abandonan completamente los sueños. Pensaba precisamente en ello al recorrer las calles londinenses, atravesando la niebla sólida que lo ocultaba todo, cuando de repente descubrí aquella extraordinaria casa que rezumaba magia por los cristales de sus ventanas. No cabía ninguna duda, por fin había encontrado El Museo de los Sueños Olvidados. Sentí la necesidad de entrar inmediatamente. Aún no sé si fue la prudencia o el miedo, lo que me contuvo, antes de que finalmente decidiera continuar caminando, para marcharme extasiado de aquel lugar. Seguro que algún día volveré, no sé cuando, pero seguro que lo haré”
Ignacio Bermejo Martínez.
jueves, 24 de enero de 2013
Democracia, competencia y transparencia contra la corrupción política.
Democracia, competencia y
transparencia contra la corrupción política.
Yo no sé cuanto aguantará
la sociedad civil española esta
avalancha de casos de corruptela política
que se encadenan cada día para
el asombro y la desesperación de muchísima gente que, cada vez, entiende menos
cómo pueden ocurrir estas cosas. Presiento que se acerca el día en que se diga
¡Basta ya!, y lo cierto es que es preocupante, que toda esta contención social
y este conformismo que vemos ante todos estos escándalos, estalle de repente en
una revolución que pudiera llegar incluso a ser violenta, dados los graves
casos de emergencia social que al mismo tiempo estamos viviendo, por el
incremento descontrolado del desempleo, los desahucios, los despidos, el
recorte de derechos, la injusticia social creciente, la desigualdad, etc.
El español medio, que
dicho sea de paso, ha mermado de tamaño en los últimos años, y obviamente no me
refiero a la estatura, está soportando
todos estos desbarajustes, porque sobre sus espaldas recae la repercusión de
tanta mala gestión y tanta tunantería, y yo creo que empieza a cansarse de que
se hable de sacrificio cuando los que ostentan el poder, hacen todo lo contrario.
Es cierto, y en eso
coincido con quienes así lo afirman, que la corrupción no es exclusiva del
ámbito político, sino que realmente es un reflejo de la sociedad en su
conjunto, pero aunque la corrupción existe lógicamente en lo público y en lo
privado, en el primer caso es mucho más preocupante e importante porque, en definitiva, el dinero que se pierde, o que
se roba, es dinero de todos.
Si observamos la
naturaleza, podríamos afirmar que los seres vivos son, en cierta forma,
generadores de elementos contaminantes. Los seres vivos generan residuos
tóxicos, y por eso cuentan con el aparato capaz de evacuar esos residuos y
mantener limpio y sano el organismo. En la política debería pasar algo
similar. En todos los sistemas
políticos existe corrupción, eso es
inevitable, pero lo lamentable es que esos sistemas no cuenten con circuitos de
evacuación y limpieza de toda esa suciedad. Seguramente piensen que nuestro
sistema cuenta con los juzgados, pero la justicia, como la economía, el
periodismo y otras muchas ramas del saber y de la organización humana, se han
convertido en bienes de consumo, generalmente al alcance de los bolsillos más
pudientes.
España está carente de
leyes que regulen la práctica política, y que dote a los partidos de una
especie de riñones por donde evacuar toda la suciedad que generan y puedan purificarse. Hay que cambiar el funcionamiento de los partidos políticos,
porque hay que evitar que la gente se apoltrone y se conviertan en políticos
profesionales, que es el fundamento, creo, de la existencia de este tipo de
corrupción.
En los partidos políticos
debería valer ese precepto de un hombre un voto, para evitar que determinados
personajes se asienten en sus puestos directivos y que ni Dios sea capaz de
moverles de ese sitio, entre otras cosas, porque este apoltronado dedicará todo
su tiempo y su energía en mantenerse él en el puesto y para beneficiar a su
camarilla de amiguetes.
Los congresos de los
partidos deberían ser organismos realmente democráticos y donde existiera, de
manera real, una verdadera competencia entre los candidatos que libremente
decidan optar por un puesto y, por supuesto, una transparencia total y
absoluta. Un hombre un voto, el voto secreto y el derecho a voto de todos
los militantes, generaría nuevos candidatos, seguramente mejor preparados y
predispuestos.
Otro de los aspectos a
corregir, es el ejercicio público, cuyo tiempo debería estar regulado. Nadie
debería poderse presentar a más de dos mandatos, porque el servicio publico
debería ser una vocación, y nunca una profesión.
Necesitamos,
y de manera urgente, una Ley de Partidos como la alemana, que imponga congresos
periódicos, que obligue a que los delegados se elijan por sufragio secreto
entre la militancia, que obligue a hacer primarias para elegir a todos los
candidatos a cargos representativos, y que obligue a auditorias externas independientes. ¿Por qué nos fijamos en Alemania en todo
menos en eso? ¿Seremos capaces de acometer esa reforma de manera generosa,
responsable y pacífica?
Ignacio
Bermejo Martínez.
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