Ella luego aceptó echarse una fotito conmigo. Le doy las gracias por su amabilidad.
"Maneras de ver, maneras de entender", solo pretende ser un blog donde expresar, con la mayor objetividad posible, todo aquello que piense y tenga la necesidad de comunicar, por tanto, simple y sencillamente será un espacio para compartir mi particular manera de entender el mundo, sin dogmatizar ni sentar cátedra. Aquí encontrarás mis artículos de opinión publicados en los medios de comunicación, mis textos, mis relatos, mis NOVELAS Y POEMAS, y por supuesto mis opiniones.
lunes, 31 de agosto de 2009
Con Almudena Grandes en Rota
El pasado Jueves 27/08/2009, Almudena Grandes rponunció una conferencia sobre la memoria histórica con motivo de la presentación de un libro sobre la memoria histórica de Rota. Fue tremendamente interesante.

Ella luego aceptó echarse una fotito conmigo. Le doy las gracias por su amabilidad.
Ella luego aceptó echarse una fotito conmigo. Le doy las gracias por su amabilidad.
viernes, 28 de agosto de 2009
La memoria histórica

Los hijos del presente no somos responsables ni culpables de nada de lo que ocurrió. Bien mirado, todos somos víctimas: los descendientes de aquellos que murieron sufriendo sobre sí el yugo opresor, y los de quienes encontraron en aquella situación un campo de oportunidades para progresar o para vivir simplemente, aunque fuese de forma desapercibida y en silencio, aceptando una realidad impuesta que les dolía.
Se está reclamando dignidad, se está pidiendo humanidad y respeto, reconocimiento, sin que se pretenda establecer un nuevo orden diferente al existente actualmente. Nadie pretende restaurar la sociedad eliminando los derechos que entonces se originaron de manera injusta, sino reconociendo aquellos que se obviaron.
Pienso que esos que tratan de borrar y olvidar nuestro pasado reciente exhiben al alzar sus crispadas voces el rubor de la vergüenza que sienten por ser quienes son, por seguir disfrutando de una posición privilegiada surgida de la ventaja que supuso el exterminio de la competencia y del antagonismo social.
Muchos conocemos, gracias a la literatura y la cinematografía, principales y casi exclusivos denunciantes de la injusticia de aquel tiempo, la existencia de acusaciones, chivatazos y soplos motivados por la avaricia o la envidia. Murieron muchos inocentes, inmolados y sacrificados para poder allanar el camino que luego otros recorrieron sin conciencia ni pudor, apropiándose o beneficiándose de lo que en otras circunstancias diferentes, en cualquier estado de derecho, jamás hubiera podido ser.
El usufructo de tierras o negocios, la propiedad de estos, a veces incluso el simple deseo de poseer a la mujer del otro, fueron causas injustas pero suficientes para fusilar, terrible y trágica consecuencia. Las almas de aquellos muertos, de aquellos que fueron sorprendidos y eliminados sin piedad ni corazón, no podrán descansar en paz hasta que alguien les devuelva, de una vez y por siempre, la dignidad que le enajenaron. No es justicia lo que claman. “Una vida vale siempre más que un trozo de madera”
No creo que nadie trate de dar marcha atrás para corregir los efectos injustos de aquellos actos criminales, porque todos somos inocentes y deberíamos tener nuestras conciencias limpias y tranquilas, todos, los que comenzamos a andar con cuarenta años de retraso y los que emplearon aquel tiempo para alzarse alto y volar como cometas. Tampoco ellos son responsables de nada. Son herederos de un pecado, pero no deben avergonzarse ni preocuparse, porque la vergüenza o la preocupación implica una cierta connivencia en la injusticia, y eso convierte en inmorales sus privilegios. Mirar atrás es necesario. Conocer la verdad para cimentar el futuro también lo es. Es una deuda pendiente, un ejercicio de reflexión y formación, una acción de comprensión y de empatización que originará tranquilidad y confianza, que garantizará la convivencia y la tolerancia como umbral necesario para diseñar un futuro estable en el que todos sepan, a ciencia cierta, que no nos dejamos a nadie atrás y que todos somos iguales, realmente iguales, en la sociedad y ante la ley.
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