domingo, 19 de marzo de 2017

EFIMERO


Parar un momento de la vida y echar la vista atrás es inquietante, y lo es porque no nos damos cuenta, inmersos en la vorágine diaria en que vivimos, de que la vida pasa, y pasa tan deprisa que se nos escapa como agua entre los dedos, como  las personas con las que convivimos, que también pasan, y lo hacen tan rápidamente que,  cuando somos conscientes de su naturaleza efímera,  no podemos evitar un profundo sentimiento de vacío y de desasosiego. Echar la vista atrás para recordar, satisfaciendo la curiosidad de años, respondiendo a la pregunta de qué fue de ellos: 

-¿Mi vecina, la de la puerta de al lado?  -Muerta.
-¿Y la madre de Gregorio? -También muerta. Y su vecina de arriba, y la madre de los chiquillos raros. Manolo el Gordo, Paco el tendero, Adelaida la de enfrente, su esposo y su hijo,  y los padres de Diego. Todos, todos muertos. El viejo del sombrero que tanto nos reñía, y Lola, la de la fonda.  La madre de Rosi, la amiga de tu hermana, su padre, todos, todos muertos.

Y es que vamos poco a poco dejando de ser eternos, para convertirnos,  lenta e inexorablemente, en esos seres débiles, cada vez más débiles, ligeros como plumas, volátiles como polvo, que comenzamos  a morir sin ser conscientes, casi sin darnos cuenta,  en el mismo instante en que nacemos, emprendiendo  este viaje sin retorno que es la vida. Somos seres finitos que, como todos mis vecinos, terminaremos muertos,  marchándonos de aquí para no volver jamás, para no volver a ser, para no volver a estar.  Sí, tú que me lees, y yo mismo. Seres fugaces como estrellas, que cruzan el firmamento oscuro de una existencia rápida, tan rápida que apenas existimos.

La vida es corta. No existe el tiempo. El tiempo es un invento con el que nos engañamos, o nos engañaron, y somos tan efímeros que pasamos en un abrir y cerrar de ojos,  la vida es un suspiro, hermosa en su comienzo y valiosa mientras dura, pero un engaña bobos.  
Y ahora que tocando estoy con la punta de mis dedos la barrera de los cincuenta años, me paro para mirar atrás y percibo como la nada avanza y viene hacia mí  con ganas de tragarme, la nada aterradora y oscura de lo eterno, de lo infinito. Un manto ineludible e inapelable de lógica y de paz.  Siempre pensé que la verdad era como una luz brillante, y no era cierto, la verdad es algo oscuro y frio.

Ayer,  mi ayer cercano, preadolescente  despreocupado,  jugaba en la calle con Gregorio, con Chari, Javier Moreno, Mari Carmen, Javier el Rubio, Agustín, Roberto, y otros, y  el tiempo era algo que parecía parado. Me sentía intocable, invencible. Pensaba que era un dios,  como si aquello que sentía en aquel instante, fuese a durar para siempre. Eterno es la palabra maldita de la que a lo largo de la vida te vas desengañando. Ayer, mi ayer cercano, jugaba, quizás soñaba, bajo la mirada atenta de una madre que se fue temprano, como la vecina de arriaba, la vieja Joaquina, la abuela que sin serlo, tantas y tantas veces ejerció de ello.  Dónde estarán, me pregunto algunas veces, empeñado en no reconocer que ya no están sencillamente.

Y ha sido en un descuido, en un despiste breve, en el que todos ellos se marcharon y no ha sido hasta ahora, hasta ahora que me paro, que me he dado cuenta de lo solo que estoy,  cada vez más solo y, a pesar de ello, menos asustado, sabiendo que no soy nada.

No, no somos inmortales, ni inexpugnables. No somos tan fuertes  ni afanosos como creí serlo alguna vez.


Nada fui, y a la nada voy sin remedio, o ella viene a por mí, o tras de mí, hasta alcanzarme, hasta que llegue el momento de desaparecer y apagarme como la llama de un mechero. 

domingo, 19 de febrero de 2017

Camarón de la Isla | La Tarara [HQ audio]

Como un junco en la laguna
mi alma tiembla,
al oírte, Camarón,
y mi alma se hace tuya, 
y mi alma se hace una,
cuando cantas mi Tarara
con cola de seda
entre la retama
y la hierbabuena
¡Ay Tarara sí!
Ay tarara no!
¡Ay Tarara niña
de mi corazón!
dándole alegrías
al almendro en flor!
¡Ay tarara niña 
de la Isla Buena!

domingo, 22 de enero de 2017

Carta a mi apreciado Gonzalo.


Estimado amigo: ¿El mejor político es el que más habla? En la antigua Grecia, los sofistas así lo creían, y estaban tan convencidos de ello que se formaban en el arte de la retórica, siendo esta el fin  y no el medio, obviando la verdad y el bien.  Si es eso lo que se pretende de la política, obviamente para su ejercicio hablar es lo más importante, hablar de lo que sea y como sea, siempre que se haga de manera aparentemente coherente y convincente, ahora bien,  existe otra manera de entender la política. Frente a aquellos sofistas Platón afirmó, tras la ejecución de su maestro Sócrates,  que la enfermedad de la democracia es la corrupción, la cual se origina en el sistema cuando se carece de verdaderos valores. Un sistema basado en la retórica, se queda sin defensa contra la demagogia.  

La Apología de Sócrates lo refiere de manera clara: Para ganarse al auditorio ni siquiera hay que decir la verdad, sino exhibir un perfecto dominio del lenguaje y de la argumentación, incluso a riesgo de caer en la falacia o en la caricatura de la posición contraria. ¿Y es eso buena política? Como he dicho, en esto eran expertos los sofistas, y era precisamente lo que Platón consideraba peligrosísimo para el futuro de las ciudades. El sofista defiende que el mejor argumento es el más persuasivo. No cree en la verdad, en cambio existimos otra clase de políticos, otra clase de personas que pensamos quel discurso político debe estar arraigado en algo más profundo que la forma, en algo más valioso que la palabra misma, en la verdad, una verdad única, universal y eterna. 

Hay otra clase de políticos, otra clase de personas que pensamos que la ambigüedad profunda en el acto político, solo conduce a la crisis, crisis social y moral, crisis incluso económica, porque se desvirtúa el valor de lo publico, obviándose el interés común en favor del  personal. Cuando esto ocurre, ¿Qué parte tiene el ser humano de político y qué de egoísta? ¿No es así como nace la corrupción? Solo cuando los conceptos están claros, la política deja de ser un comercio de la verdad y se convierte realmente en un proyecto en común, en algo loable y valioso.  

El buen gobernante debe actuar con justicia, y para ello debe disponer de la capacidad para el ejercicio del correcto pensamiento, de la idea, del conocimiento. Pitágoras, de hecho, intuyó que la realidad es algo así como una ecuación matemática,  porque en las matemáticas hay cálculos, y no opiniones, una manera real de expresar  una verdad indudable y demostrativa. La verdad no se discute, la verdad simplemente existe y es única, y lo  importante en la política es gestionar desde esa verdad. La verdad como objetivo, la vedad como principio para la buena gestión de lo publico, la verdad como dogma, y no el discurso.  

Como político me posiciono frente a la demagogia como resultado de una dispersión de opiniones, cuando se utiliza el lenguaje como herramienta para manipular.  Con las ideas, las opiniones se ordenan desde un principio verdaderamente trascendental que las unifica, apuntando al ideal democrático, por tanto, el mejor político no es que más o mejor habla, sino el que más se esfuerza por alcanzar la verdad de la ciudad justa donde por medio de la ley se garantice el bien común. Hablar es importante, pero no es lo mas importante. Lo mas importante es hacer, y hacer estoy haciendo. 

Ignacio Bermejo

lunes, 19 de diciembre de 2016

“Vuelve, a casa vuelve, por Navidad”


Era muy tarde. Las agujas de su reloj pasaban ya varias horas de la media noche,  cuando llegó por fin a su apartamento. Estaba  muy cansado, a pesar de haberse divertido en la cena organizada por su empresa.  Se acercaba la Navidad y  todo el mundo lo celebraba con la algarabía propia de las fechas.
Antes de acostarse, se sentó en el butacón, frente a la ventana. Desde allí podía contemplar la gran avenida, la calle más importante de la ciudad que a esa hora parecía dormir, como la mayoría de la gente.  Se quedó absorto contemplando la amarillenta luz que derramaban las farolas,  como en un último esfuerzo por vencer la eterna lucha contra la oscuridad absoluta.  Fue entonces, frente aquel cristal salpicado de gotas que parecían lágrimas, cuando fue consciente de su soledad.  Se sintió solo, muy solo, y muy triste.
A la mañana siguiente, cargado con su maleta, compraba un billete  en el aeropuerto. Necesitaba regresar a casa, a su hogar, con su gente. Solo quería sentirse uno más entre los suyos, reír con  ellos, con sus padres, sus hermanos, abrasarlos, besarlos.  En su pensamiento solo tenía la alegría del reencuentro y la pegadiza musiquita de aquel anuncio de “Vuelve, a casa vuelve, por Navidad”

FELIZ NAVIDAD

martes, 29 de noviembre de 2016

Cómo podemos detectar un episodio de violencia de género.


Existen estudios que demuestran que la violencia de género casi siempre, o siempre va unida a un fuerte vínculo afectivo. En las primeras fases de esta, una de las principales razones para que la víctima permanezca con el agresor es la existencia de ese vínculo afectivo junto a la ilusión de creer que la violencia no se va a repetir, pero debemos saber que existen Indicadores para detectar si se va a producir una conducta que terminara siendo violenta.
Si observamos que un chico controla lo que hace la chica, le exige explicaciones por todo y pretende conocer hasta sus pensamientos. Si conocemos a un chico que no quiere que su pareja tenga secretos para él, que es celoso de manera exagerada, y la vigila de manera permanente, la crítica o intenta que cambie su manera de vestir, de peinarse, de maquillarse o, simplemente que cambie de forma de hablar o comportarse. Alguien que la suele dejar plantada en salidas o reuniones, sin dar explicaciones ni aclarar los motivos de su reacción. Que la culpa a ella de todo lo que ocurre y la convence de que es así, dando vuelta a las cosas hasta que consigue confundirla o dejarla cansada e impotente. Tan seguro de sí que nunca le pide disculpas por nada, que siempre Impone sus reglas, (especialmente días, horarios, tipos de salidas, etc.) de acuerdo con su exclusiva conveniencia. Que la amenaza con abandonarla si no hace todo lo que él desea, o Induce pensamientos de lástima al justificarse o insistir con su vida desdichada culpando a sus padres. Un joven que recibe cariños, mimos y atenciones, pero nunca los devuelve, y que pretende que lo acepten tal cual es y la acusa a ella de “castradora” o posesiva si ella hace alguna observación sobre sus actitudes y que nunca aprueba ni estimula de manera auténtica actos o cualidades, que se ofende rápido y cree que los demás andan detrás de lo que hace. Que es seductor y simpático con todo el mundo, pero a ella la trata con crueldad, o siempre le está prometiendo que va a cambiar sus defectos o sus adicciones, debemos entender o sospechar que estamos ante un posible problema de violencia de género. Son pequeñas luces rojas a las que la sociedad debería estar atenta, para denunciar y corregir antes de males mayores, especialmente familiares, amigos, conocidos, la gente cercana con quien la pareja convive a diario, porque por lo general él nunca cumple, pero sigue insistiendo en que lo hará. Se burlará, y hablará de forma grosera o con desprecio acerca de las mujeres en general. Exagerará sus defectos haciéndola sentir culpable y descalificada. La acusará injustamente de coquetear, salir o verse con otros hombres. Indicadores para detectar si existe una conducta que terminará por descubrir que la chica a la que conocemos está sufriendo una relación con un amigo especial o de pareja abusiva.
No estaría de más, si la chica es tu hija, tu hermana, o alguien muy cercana,  observar si se comporta de alguna de estas formas: Si una chica empieza a relacionarse con chicos, si hay alguno un poco más especial e inicia una relación amorosa, es conveniente estar pendiente a su comportamiento para ver cómo influye esta relación en su vida cotidiana. Si la relación es con un posible agresor, la violencia no tarda mucho en aparecer. En un principio la víctima cree que podrá controlarla. En esta primera fase la violencia suele ser de menor frecuencia y gravedad que en fases posteriores. A veces comienza como abuso emocional, coaccionando para llevar a cabo acciones que no se desean, obligando a romper todos los vínculos que la víctima tenía antes de iniciar la relación (con amigas, trabajo, incluso con la propia familia de origen…), y lesionando gravemente su autoestima cuando no se conforma al más mínimo deseo del abusador. La chica que lo sufre intenta acomodarse a los deseos de él para evitar las agresiones, que suelen hacerse cada vez más graves y frecuentes, llegando a sufrirlas incluso el castigo físico.  Si la chica ha modificado su comportamiento, ha dejado de ser la chica espontánea y comunicativa de antes, ha cambiado su forma de vestir, deja de arreglarse. Si la oyes diciendo  que los celos son una forma de amor, a modo de justificación,  y no se da cuenta que está sufriendo un cierto acoso y de que la están  manipulando emocionalmente, deberíamos de alguna manera inteligente intervenir en esa relación, para evitar males mayores futiros. Debemos estar atentos y observar si ella está más callada, deja de frecuentar a sus amigas de siempre.  Deja de participar en eventos familiares poniendo escusas tontas. Si nos damos cuenta de que ella tiene cambios de humor repentinos sin motivo aparente, discute en exceso con su madre,  tiene con frecuencia alguna marca o moratón y ella dice que se ha caído. Si detectamos que ante cualquier opinión de una amiga o hermana, sobre él, se pone a la defensiva.  Si está asustada o de mal humor, sería bueno empezar a abrir los ojos y actuar, porque es muy probable que estemos asistiendo a un episodio de violencia de género, y debemos entender que en cierta forma, en esos primeros momentos, nosotros también somos responsables.


Ignacio Bermejo Martinez

martes, 15 de noviembre de 2016

Algo nuevo sobre Cervantes.

    

(Conferencia pronunciada en la presentación de mi segunda novela, La ciudad sin luz. )

        La historia de la literatura, como todo en la vida, viene definida por unas constantes cíclicas, que parecen a priori molestas, pero que no lo son para nada en absoluto. Me refiero a la constante lucha entre lo puro y lo mezclado, entre lo perfecto y lo imperfecto.
            El sabio, el estudioso, el entendido en la materia, al descubrirlas se  sorprende y se escandaliza, llevándose las manos a la cabeza, pues le resulta, cuanto menos, curiosísimo como los autores discuten entre sí, pelean  y se enfrentan en una lucha a veces  atroz por defender su verdad, y es que, según creo yo desde mi humilde entender, éste, el entendido, el sabio, no cae en la cuenta de que él estudia simplemente lo que el autor crea y por lo tanto, la óptica es distinta. El concepto es distinto.
            ¿Que quién sabe más de literatura? Sin lugar a dudas el sabio, pues es capaz de concretar, clasificar y definir, pero está carente de la vena creativa y no puede unir, si acaso, más de media página con palabras coherentes que emanen de su inventiva.
            Los autores, los creativos, no tienen ni idea de literatura. Crean literatura precisamente por eso, porque no tienen ni idea de lo que se traen entre manos. Y esto es así hasta el punto, que cuando el creativo, el escritor descubre su importancia, su trascendencia, generalmente muere como autor, al menos como autor interesante y se convierte en sabio y empieza a dogmatizar. Deja de escribir novelas interesantes y se dedica, posiblemente sin darse cuenta, a la producción de ladrillos que solo él u los suyos son capaces de leer.
           
            Esto le pasó a Cervantes,  el gran Cervantes, a quien me permito nombrar en conmemoración del cuarto centenario de su obra más exitosa.
            Cervantes, en contra de lo que todo el mundo piensa, no se sentía novelista. Él era ante todo dramaturgo. Amaba al teatro sobre todas las cosas y de este amor nos habla y bien reiteradamente a lo largo del extenso Quijote.
            Pues bien, en Cervantes se da la paradoja  de que siendo un excelente novelista, posiblemente el mejor de los tiempos,  era, y a muy pesar suyo,  un pésimo dramaturgo, y saben ustedes por qué, pues precisamente porque cuando escribía novela lo hacía carente de sentirse poseedor de la verdad, entre otras cosas porque, aunque no me crean, escribía sintiéndose en el fondo un tanto inseguro.  De hecho el Quijote es una obra imperfecta, una obra con pequeños fallos, que no desdicen en nada de su calidad, sino todo lo contrario, ya que se carga de humanidad y con ello se engrandece.
            Cervantes, como digo, quería ser dramaturgo y de hecho escribió una infinidad de obras de teatro, pero no les sirvieron absolutamente para nada. No tuvo éxito en el teatro como él deseaba, y creo que era debido a que él dogmatizaba al escribir y dejaba de producir con frescura y ladrillaba al público con su verdad, los aburría.
            Este fracaso lo atormentaba hasta el punto de llegar a sentir un verdadero odio por Lope de Vega. Cervantes veía como Lope de Vega triunfaba en el arte de la bambalina y se esforzaba por superarlo constantemente. He de decir en honor a la verdad que posiblemente lo conseguía, pero al precio de perder el interés general.
            ¿Saben por qué ocurre esto? La respuesta es sencilla pero a su vez solventa este dilema literario con una brillantez sorprendente. Este fenómeno ocurre porque la gente no va al teatro a aprender, la gente va al teatro principalmente a divertirse, y luego, si de paso aprenden algo, está bien, pero el aprender no es lo fundamental del teatro. Yo diría más incluso, el aprender no es lo fundamental de la literatura, lo fundamental de la literatura es distraer, y por eso fracasan los puristas, precisamente porque con tanta calidad y tanta perfección lo que consiguen es aburrir y que el público les dé de lado.
            Cervantes no confesaba abiertamente el odio que sentía por Lope de Vega, pero la envidia se le escapaba por la comisura de sus ojos y lo delataba sin remedio.
            Lope de Vega lo obviaba. Éste escribía y escribía tanto que Menéndez y Pelayo clasificó su extensa obra  en religiosas, mitológicas, legendarias, pastoriles, caballerescas, novelescas, de costumbres y enredo, sin descuidar su típica estructura en tres actos.
            Miguel de Cervantes llamo a Lope de Vega "monstruo de la naturaleza“, pues su producción desbordo todos los moldes y su talento excepcional pudo legar una obra muy fecunda e ilustre a la posteridad.  No se sabe a ciencia cierta el carácter o el significado real que Cervantes quiso dar a la palabra “monstruo”.
            Esto demuestra que Lope de Vega fue un dramaturgo más exitoso que Cervantes porque se dedicaba a escribir y a escribir, sin tener en cuenta el dogma literario, y por eso lo desbordó. Lope de Vega dio forma definitiva a la comedia española e hizo de ella un género netamente nacional.
            Cervantes, en cambio, posiblemente sin saberlo, se hizo grande, el más grande, donde más pequeño se sentía, en su narrativa. En ella podemos encontrar al Cervantes más humano, al menos docto, pero posiblemente al más genial de todos y al menos equivocado, pues no hay un error más grande que creerse poseedor de la verdad absoluta.

            Decía al principio que esto es así desde que la literatura existe. De hecho tanto Cervantes como Lope de Vega desconocían que unos 500 años antes de Jesucristo, los grandes trágicos griegos fundaron y establecieron las características del teatro que, con diversas variaciones, se convirtieron en el genero literario que todos conocemos.
Pues bien, ya desde entonces se viene repitiendo esta historia, desde que se celebraban en Grecia las famosas fiestas o juegos dionisiacos, en los cuales los mejores autores presentaban a concurso sus tetralogías, compuestas de tres tragedias y una comedia.
Esquilo es el primero de ellos. Llevo a cabo una innovación al introducir en escena un segundo actor que dialoga con el coro, que era un conjunto de actores. Intervenía solamente en los intervalos de los actos y expresaba sentimientos de temor, admiración principalmente. Éste lo ganaba todo siempre, adquiriendo con ello ese erróneo sentimiento de sentirse poseedor de la verdad. Ni sospechaba que su final estaba cerca, pues un joven dramaturgo sin importancia, se le acercaba sigiloso hasta arrebatarle el éxito sin remedio.
Todo ocurrió en el año 468 antes de Cristo. En Atenas se vivía una gran efervescencia por la proximidad de los festejos e honor a Dionisios.
Se iba a celebrar un concurso donde premiar al mejor conjunto de tragedias nuevas. En aquel año, había celebración especial: Cimon y otros nueve generales atenienses llevaban de la isla de Scyros los restos de Teseos , fundador de Atenas , reliquias que , sin temor a dudas , librarían al pueblo de plagas y desastres. Para hacer honor aquellos portadores de la aventura, uno de los altos funcionarios de la ciudad invitó a los generales a escuchar todas las obras que entraron en concurso y a formar el jurado que había de adjudicar el premio.
En lugar de dar el premio de Esquilo, el gran dramaturgo ya casi sexagenario, que, como he dicho, siempre ganaba, los jueces lo dieron a un joven cuya obra dramática era completamente desconocida. Ese joven fue Sófocles, y la tragedia premiada Triptolemo. A partir de entonces el odio de Esquilo por Sófocles fue en aumento, y mientras el primero dogmatizaba mostrando al mundo la verdad, su verdad, el segundo simplemente escribía y al hacerlo le robaba todo el protagonismo.

Yo, no iba a ser menos que nadie, y debo reconocer que al igual que todo aquel que crea, me siento a veces en esta misma encrucijada.
Sé que existen quienes me vilipendian por la forma en la que escribo, personas a quienes les parece un insulto el echo de que yo publique mis novelas.
Esas personas, esos grandes entendidos sin duda, desconocen que yo, en el fondo, como dijo un conocido escritor contemporáneo, sólo pretendo ser un simple jardinero dentro del ámbito literario.  Yo no tengo pretensiones de enseñar absolutamente nada. Escribo porque me gusta, porque me encanta, porque cuando lo hago me siento el centro del universo, porque solo cuando escribo me reconozco y me siento yo. Escribo simple y sencillamente porque me da la gana y si además tengo la dicha de que me publiquen lo que escribo y que ustedes lo lean, a lo único que aspiro, y lo digo de corazón, es a que ustedes se diviertan con lo que narro.
Son importantes las formas, lo sé, y es por ello que las respeto en la medida en que puedo y sé, pero estas no van a ser las que pongan límite al ejercicio de mi vocación. Yo no lo permitiré, y no lo haré porque cuando escribo no lo hago para enseñar nada, sino simple y sencillamente porque deseo ser el hombre mas feliz del mundo y para ello es necesario, en mi caso, que armado de mi pluma me enfrente al gran dragón fantástico de un papel en blanco.
Les juro por Dios, que solo aspiro a ser jardinero, un humilde y sencillo jardinero que llene de alegría y color los espacios abiertos y libres de sus mentes.

Muchas Gracias.

Ignacio Bermejo

miércoles, 6 de julio de 2016

La política Inmediata


Es innegable el beneficio que ha traído consigo la utilización para fines políticos de las redes sociales, especialmente para los “usuarios” de ese tipo de política mediática,  que obtienen una gran accesibilidad al cargo público,  del que disponen a golpe de tecla.

En este sentido, la enorme facilidad que aportan para la comunicación ciudadana en el traslado de sugerencias, ideas, quejas, etc…,  en tiempo real de la información, supone un innegable avance social,  puesto que se obliga al político a estar atento las veinticuatro horas del día,  y a reaccionar de manera inmediata, ofreciendo respuestas.

A decir verdad, hay que reconocer que la Administración Pública no está preparada para esta inmediatez de la información y de la respuesta rápida requerida, porque el procedimiento administrativo está carente de cualquier tipo de “vehemencia”  ejecutiva.

El procedimiento, visto así, podría entenderse como un elemento que ralentiza la ejecución de la respuesta política, y algunos pueden llegar a pensar de él que es un elemento entorpecedor, que estorba y encarece la ejecución de la solución, pero esta idea es errónea de base, puesto que esa carencia de procedimiento que requiere la respuesta inmediata demandada hoy día por las redes sociales, elimina cualquier garantía, y por ende, cabe el riesgo de perder los  buenos principios y la buena gestión.

La respuesta inmediata a la que nos vemos cada vez más evocados los políticos, nos  puede llevar a actuar con tanta temeridad que origine, sin pretenderse, y posiblemente desde la buena voluntad, situaciones de injusticia e ilegalidad.

Por otra parte, esta política inmediata, como resultado de la presión mediática y las redes sociales, puede derivar en una práctica de agresión, no ya contra los derechos generales y la legalidad, sino contra los propios usuarios, tanto administrador como administrados, por la manera de interactuar entre ambos,  tan descontrolada e irregulada. Todo no puede ser urgente. 

Por principio, las nuevas generaciones, cada vez más adictas a este tipo de proceder,  se olvidan de la política tangible, de la que se deriva otros beneficios mucho más estructurales, como pueden ser el compromiso real, la responsabilidad, e incluso la amistad.(Por no referirme a la salud, que están los infartos a la orden del día)

La actuación  en  redes sociales, puede lamentablemente derivar en compulsión y obsesión crítica, confundiéndose esto con acción política,  cuando podría tratarse de una adicción enfermiza que deriva a veces en comportamientos irrespetuosos, e incluso enfermizos, ya que es mucho más fácil  expresarse de manera irresponsable e irrespetuosa desde el anonimato de un alias en un chat,  por la carencia normativa con la que cuenta  el trasgresor, que hacerlo cara a cara.   

Personalmente pienso que para correr no debemos olvidarnos  de poner los pies en el suelo, porque si no lo hacemos así, sin lugar a dudas, terminaremos dándonos de bruces en el suelo. Con esto, lo que pretendo afirmar es que el uso de las redes sociales y los medios en la política, es un adelanto social importante que aporta muchos beneficios, pero que no todo es bueno, pues este fenómeno también tiene carencias y deficiencias que pueden perjudicar los intereses generales y el de las personas.

Todo puede ser bueno o malo, dependiendo de la manera en que se utiliza, por ello considero que no sería mala idea regular esta cuarta dimensión, donde casi todo está por estrenar, convencido firmemente de la necesidad de implantar ese procedimiento nuevo, quizás menos burocrático y más directo, pero que aporte las garantías necesarias que afianza nuestro sistema.  El procedimiento es necesario, la inmediatez un beneficio, y la vehemencia una temeridad.
Ignacio Bermejo