
Con su mirar duro de desaire contenido,
descendiendo desde ese marrón de roca,
consigue traspasar la oscura incertidumbre
de mi pensamiento abierto.
El carmesí soñado
se cierne en el lugar más tierno
y rompe, vigoroso, el lienzo blanco de su tez de niña.
¡Qué extraña la expresión sin gestos,
que deja al descubierto
sus miedos, sus deseos!
La gravedad caída
desde sus hombros rectos.
Un péndulo al andar, del reloj vivo
que supera vehemente el movimiento
en un milagro mágico de belleza indómita.
Le quise preguntar a su alma inédita
sin pronunciar palabra,
y se me escapó un suspiro.
Sensualidad dulce de la mujer que mira
con ojos como piedras.
Es fascinantemente bella.
descendiendo desde ese marrón de roca,
consigue traspasar la oscura incertidumbre
de mi pensamiento abierto.
El carmesí soñado
se cierne en el lugar más tierno
y rompe, vigoroso, el lienzo blanco de su tez de niña.
¡Qué extraña la expresión sin gestos,
que deja al descubierto
sus miedos, sus deseos!
La gravedad caída
desde sus hombros rectos.
Un péndulo al andar, del reloj vivo
que supera vehemente el movimiento
en un milagro mágico de belleza indómita.
Le quise preguntar a su alma inédita
sin pronunciar palabra,
y se me escapó un suspiro.
Sensualidad dulce de la mujer que mira
con ojos como piedras.
Es fascinantemente bella.
Ella, es simplemente ella.
©Ignacio Bermejo
©Ignacio Bermejo