viernes, 18 de julio de 2008

11 M (Dolor y miedo)

Nunca antes había publicado este poema que escribí en la trágica y terrible noche del 11 M (llorando de dolor y de miedo tras el atentado de Atocha). Ni siquiera con la reciente sentencia del Tribunal Supremo he querido publicarlo, para no usarlo como un dedo que hurgue en la llaga del dolor de las víctimas, o como reproche a las mentiras de las sabandijas que quisieron instrumentalizarlo para atrincherarse en el poder político que no querían perder. No obstante, hoy ha ocurrido algo que lo cambia todo. He recibido un archivo sonoro precioso, una composición musical que trata de describir los sentimientos que le inspiraron a su compositora aquella triste noche. No tiene MAS PRETENSIONES que compartir esos sentimientos. Por ello lo publico hoy, para expresar también lo que supuso aquella noche para mí. Un poema que, dada la motivación que me impulsa a publicarlo, pretende ser también un homenaje a esta compositora, a su música y a sus sentimientos. De ella ya os hablé hace unos días. Es Dolores Serrano.

Los ojos mutilados de los muertos
no pueden mirar.

A los vivos les arrancaron también los ojos,
les sellaron los párpados con miedo
para que fueran ojos cerrados, ojos ciegos.

Es un instante, un ruido, una explosión
es un momento, pero es eterno.
Una eternidad sin almas ni conciencias,
un tiempo mutilado sin color.

Una noche larga se cierne sobre la mar
y sobre la tierra
y todo es negro, negro y roto, negro y tenebroso.

El odio
como alimaña dolida
devora la libertad por los recovecos de un parque
sembrandolo de miedo, de más miedo.

El cielo azul que fue,
es ahora gris de cenizas,
opaco de humos y tinieblas
que ocultan el amor.

Los estómagos se retuercen de dolor y vómito,
las bocas se llenan de llagas dolorosas
y las manos, las manos blancas, las manos buenas,
también se han cerrado como rocas petrificadas y muertas
y temblorosas no volveran a abrirse,
porque quieren golpear.

Es necesario que nazca, ajena a todo lo que pasa,
una bonita flor.
Ése será el milagro, el único milagro,
ésta mi oración, la única oración.

Ha de ser una rosa roja,
tan roja y tan brillante como la sangre ultrajada,
y tan poderosa, como una estrella inalcanzable y utópica.

...Siempre hubo estrellas en el cielo...

16 comentarios:

lichazul...elisa dijo...

ignacio

momento e historia
siempre quedan en la retina
el poema es testimonio
la memoria en su fragilidad
olvida...pero siempre queda ese resabio
en la conciencia
que la maldad existe
no importando las fronteras

un abracito de paz

Beatriz dijo...

Joer, menudo día más triste...y el recuerdo siempre será con dolor.
Saludos...

Waiting for Godot dijo...

Duro recordar cosas tristes, pero mas duro es olvidar. Prohibido olvidar. Besos.

CecydeCecy dijo...

Hola Ignacio, es un hermoso poema que deja testimonio, porque las palabras, nuesros pensamientos y sentimientos jamás lo las podran silenciar, asesinar, arrancar, cerrar.

no sé, me he emocionado besos

Dolores Serrano Cueto (Lola) dijo...

Duras palabras que las que suenan, pero más duro el silencio.

Muchas gracias de nuevo Ignacio por ser como eres y por escribir tan bonito.

Sirva este homenaje que me concedes como recuerdo a las víctimas.

Pluma estilográfica dijo...

Iba a comentar algo, pero las palabras no me salen. No estaba en España, y me limitaba a actualizar la página del teletexto de Channel 4 porque las víctimas iban aumentando.

Fue de los tragos más duros que recuerdo, así como también recuerdo la impotencia de no poder estar aquí.

Gracias por devolverme este momento, porque estoy de acuerdo con "waiting": no debe caer en el olvido.

Saludos!!!

Cat's dijo...

Después de cada tormenta ha salido el sol. Las palabras dejan huella en la historia, el dolor queda pegado en ellas, sin embargo el tiempo... hace verdaderos milagros.
saludos.

Evan dijo...

Me acuerdo de aquella mañana cuando se corrió la noticia...

Tus palabras son muy sensibles, Nacho... capaces de movilizarme!

Un besito!

María dijo...

Un bello poema en recuerdo de algo que queda como histórico, un día que fué para todos de agonía y dolor.

Un beso.

M.TeReSa dijo...

Recuerdo muy bien ese día, yo, que no suelo viajar a la capital, pero ese día estuve ahí, por una cuestión de horarios no tomé en Puertollano, el AVE procedente de Sevilla con destino Atocha, puesto que una hora antes de la salida de mi tren estallaba el caos y ríos de sangre en los diferentes puntos en los que se ensañaron unos asesinos sin piedad, dejándome consternada ante la noticia y sintiendo como mi corazón se encogía ante el echo de haber salvado la piel.
Durante un tiempo tuve la sensación de que mi vida no estaba en mis manos sino en las de los que me rodean y eso me dio cierto pánico. Afortunadamente el tiempo lo apacigua todo, al menos a mí que salí ilesa del atentado pero comparto ese sentimiento que expresas en tu poesía y lo llevo en mi interior.
Un abrazo

Una ET en Euskadi dijo...

ES imposible que cada uno de nosotros no nos acordemos donde estábamos ese día,que hacíamos en el momento exacto en el que nos enteramos del horror. Pero no todos podíamos expresarlo así, sin caer en lugares comunes

Raquel Fernández dijo...

Excelente poema. Estremecedor. Hay cosas que no deben olvidarse nunca.
Un abrazo.

María del Carmen dijo...

Le invito a retirar el premio que le deje en mi blog, www.walktohorizont.
Espero que lo disfrute.
Le saluda María del Carmen

Noray dijo...

Bello y descarnado poema para un recuerdo imborrable.
Yo también lloré de dolor e impotencia ese día.

Un abrazo

Bohemia dijo...

El dolor, el desgarro, la sin razón, el miedo, la rabia...todo ello se respira en tu poema, tal y como se sintió y se sigue sintiendo.

bss

PAOLA dijo...

iGNACIO:
estuve buceando por las profunas emociones de tus aguas embravecidas, y me queda dejarte mi idioma, la poesía , si se quiere desangrada , solidaria con Atocha y sus muertos y el caos de este mundo.
Te invito además a pasar por mi recién estrenado blog argentino y saber de tu criteriosa opinión!
Gracias
Saludos
Paola




MIENTRAS EL MUNDO SANGRA
Temblores in crescendo, una brisa que muta en huracanes,
la tormenta que asoma entre las nubes
trae olor a sal y tesoros hundidos.

Puedo guardar mi barca para cuando la lluvia haga grietas en la arena
y el mar se confunda con un médano rebelde en madrugada.

Sólo una vela alzada, mitología frenética de cábalas,
una embajada en duelo, una Atocha en pedazos.
Septiembre fragmentado entre torres hermanas,
Bruma sangrienta en Londres ,
el mar embravecido se hace escuchar y arrasa.
Ni las pirámides hoy encuentran su descanso, entre bombas y masas.

Los duendes entretanto curan sus cicatrices
con tormentas de viento y plegarias de paz,
mientras el mundo sangra.

PAOLA IPPOLITO