lunes, 12 de noviembre de 2007

Cementerio de Elefantes

La frase no es mía. Me la comentó un familiar en el transcurso del partido San Fernando-Sevilla C, celebrado el pasado domingo en Bahía Sur, en el que gracias a Dios empatamos, cuando lo que merecíamos era perder por goleada, y me pareció que definía a la perfección en lo que se está convirtiendo el San Fernando, un equipo que cada día está peor, y no sólo por los resultados tan adversos cosechados, sino por la mala imagen que está dando en el terreno de juego.
Los jugadores son profesionales dignos de ser respetados en todo momento, pero eso no les da derecho a esconderse y quitarse la pelota de encima, como hacen algunos de ellos. Me evitaré, muy mucho, de señalar directamente a ninguno, entre otras cosas porque ellos saben quienes son, y porque la afición ya se encarga de hacérselo saber cada domingo, sin que sirva para que el entrenador se dé por enterado.
“A perro flaco, todo se le vuelven pulgas”, eso le pasó al Club Deportivo, pues el chaval que mejor estaba jugando se lesiona de una forma tan espectacular que a todos se nos puso la piel de gallina, recordando el episodio tan reciente y trágico acaecido en el Sánchez Pizjuan. Se trataba del joven Regino, que debutaba de forma admirable en la banda derecha. Justo cuando pensábamos que por fin esta zona estaba perfectamente cubierta, Regino salta para disputar un balón y se golpea en la cabeza. Trata de incorporarse, se tambalea peligrosamente y cae fulminado semiinconsciente. Ahí es donde empezó lo peor del partido, unos acontecimientos que se fueron sucediendo, para dejar en evidencia las muchísimas carencias que padece nuestro club.
Lo primero, los voluntarios de la Cruz Roja, tres jóvenes que no tenían ni idea de lo qué tenían que hacer. El balón lo tiran fuera para que Regino fuese atendido, pero estos voluntarios, en vez de atravesar el campo, ante la posibilidad de que peligrara la vida del jugador, lo rodean en una carrera absurda. Los pobres, poco más pudieron hacer, salvo cargar con la camilla, pues era evidente que ninguno de ellos era médico. ¿Qué pintaban entonces allí? ¿Dónde estaba la ambulancia? La Cruz Roja debe entender que para atender los terreno de juego, es necesario mucho más que la buena fe de sus voluntarios. Con eso sólo no basta.
Cuando por fin llegan al lugar y lo suben en la camilla, lo trasladan a la salida del estadio y allí se tiene que quedar el lesionado esperando, sin que nadie pudiera realmente atender su estado de salud, ni siquiera tapándolo con una manta para que no se enfriara. Todo un espectáculo esperpéntico que bien pudo costar un disgusto. Gracias a Dios que no fue así y sólo se trató de una conmoción celebral leve, de lo que todos nos alegramos ¿Servirá esto de escarmiento para que no vuelva a ocurrir? Espero que sí.Para colmo de males, cuando se llevan a Regino, el equipo se descontrola. Cosa humana y comprensible, pero en el desconcierto nos empatan, y además, se apagan las torretas de los focos, tal y como pasó en el partido anterior, dejando a oscuras el terreno de juego. De esto no diré nada, no vaya a ser que se enfade el delegado de deportes y diga que esas torres funcionan a la perfección y que han superado con creces las pruebas AENOR de calidad. Las mismas que han superado el césped y todas las instalaciones. ¿No te jode?. Pues eso, lo dicho: El San Fernando, un cementerio de elefantes.