
Cuando uno lee a Fourier, no puede, cuanto menos, pensar lo mismo que sus biógrafos y verlo como un excéntrico y un fantasioso, pues muchos de los vaticinios que hizo, son alegorías simbólicas de una sociedad en constante movimiento, difícil de controlar y que él pretendía cambiar de manera radical.
Pero cuando hoy analizo la realidad en que vivimos, una sociedad que asume con garantías la existencia de una sanidad pública que cuida de la salud de todos por mandato constitucional y la presencia de estrategias eficaces contra el desempleo, como son el subsidio y la formación, no tengo más remedio que reconocer que aquel hombre tenía algo de visionario, pues en la actualidad se refleja buena parte de aquellos pensamientos y sus falanterios de garantismos con los que quiso organizar la sociedad definen en buena medida las políticas sociales que con el tiempo se han asentado convertidas en derechos. Por tanto, se hace patente el aporte de aquel hombre al avance social, como un idealista del actual sistema de seguridad social y laboral, aunque algunos malintencionados persistan en otorgarle dicho privilegio a la más que plagiada ley del Fuero del Trabajo y a quien la promulgó. Fourier sólo pretendía encontrar un estado de bienestar para el hombre, en unas alforjas distintas a las capitalistas, pues éstas, como se demuestra también hoy, eran esencialmente injustas y egoístas.
Rober Owen, para muchos conservadores, otro iluso soñador que aspiró ilícitamente a ejercer de filósofo sin serlo, también estaba convencido de que el individualismo promulgado por los economistas liberales con las teorías de libre competencia, eran en realidad una justificación a la guerra económica y a la explotación de los trabajadores. Justamente lo que está ocurriendo hoy, cuando muchos vuelven a encontrar como única solución para la crisis económica, recortar el gasto público y los derechos sociales, abaratando el despido, liberalizándolo incluso, recortando las prestaciones y los salarios, como si el trabajador fuera el responsable o el causante de todo el mal social. Es escalofriante oír hablar a Aznar en este sentido, ése mismo individuo que mintió de manera constatada para involucrarnos en la guerra de Irak, aquella que tantos muertos produjo allí, y aquí, y peor incluso, su señora, queriendo cargar sus sandeces con un rigor histórico, obviamente interesado.
Owen propuso el papel de un gobierno activo para la obtención de un sistema nacional de educación, para brindar ayudas a los parados e introducir leyes de reforma en el trabajo de las fabricas. Quería reducir el trabajo de los niños y dedicar tiempo a su educación, mejorar las condiciones de las viviendas de los trabajadores, habilitar tiendas baratas, imponer un sistema de promoción profesional basado en la experiencia y en la buena conducta de los trabajadores, instalar guarderías infantiles y escuelas. El creía que mejorando el entorno social de un hombre, mejoraba al hombre en general, ya que el carácter humano es la consecuencia directa de las circunstancias en que nace, vive y trabaja el hombre. Alguien debería aclararles a los retrógrados de este país, que la actual situación de crisis no es fruto ni consecuencia de los pecados de la clase trabajadora, por tanto, no son en los trabajadores en quienes se ha de encontrar la solución que salve al sistema, ni en sus salarios, sus ahorros o prestaciones sociales. Lo justo sería que las grandes multinacionales recortasen márgenes comerciales y que distribuyesen riqueza, a base de sostener perdidas para equilibrar los muchos y altísimos beneficios que han estado obtenido durante décadas. Que paguen ellos porque son los culpables.
(c) Ignacio Bermejo