
Los jóvenes entrevistados en dicho documental consideraban que ése drama es complicado, lento, engolado y sin sentido. Era curioso comprobar cómo esa obra del dramaturgo inglés ya no le decía absolutamente nada, y menos todavía la tragedia de la Casa de York. Obviamente estaba fallando el puente entre el siglo XVI y el XXI y, por ello, Shakespeare les atrae menos que, por ejemplo, la extinción del lince ibérico.
En este mismo sentido, por analogía, Pacino ofrecía pistas para comprender por qué es imposible que la historia de Moisés, o del Rey David interesen a alguien, si se extinguen las convicciones religiosas, porque sin ellas, ¿qué les puede importar a los jóvenes Abrahán, Isaac, Jacob y otros beduinos del próximo oriente, que vivieron hace tres mil años y pico? Lo lógico es que si descafeinamos de su sentido religioso a todos estos personajes bíblicos, no podrán ser entendidos, ni serán divertidos, ni interesantes para nadie. Una cultura cristiana sin cristianismo es una utopía. Es algo imposible de entender, por su propio sin sentido y, por tanto, se puede afirmar que acecha la deshumanización que tanto se teme desde posiciones más laicistas de la humanidad, tesis que también mantiene Reyes Mate, al denunciar en El Periódico que la juventud española padece "un anacrónico analfabetismo religioso" y que le preocupa no "tanto la descristianización del país, sino la deshumanización de las nuevas generaciones"
De pequeño me inculcaron, no sé si acertadamente, que los extremos nunca son buenos, que los radicalismos no suelen llevarnos a ninguna parte deseable, y que la virtud se encuentra siempre en el centro. Me consta que habrá quien discrepe con esta manera de percibir el mundo, pero en una sociedad libre como la nuestra, es una visión tan válida como cualquier otra. Por ello coincido, sin que sirva de precedente, con Reyes Matute, puesto que estoy convencido de que aplicar una política laica tan intransigente devaluará los valores humanos que tanto deberíamos cuidar .
Es innegable, queramos reconocerlo o no, que los planteamientos laicistas se encuentran en este punto, como en tantos otros, ante un dilema. Creo que la cuestión radica fundamentalmente en saber si puede el fenómeno religioso prescindir de su matriz mística y transformarse en un puro fenómeno cultural. Si fuera posible, cosa poco probable, habría que preguntarse si esto interesa a las nuevas generaciones. La respuesta más loable a ambas cuestiones es que no. No es posible separar del sentimiento religioso su matriz, para convertir la fe en cultura. No obstante, si se pudiera hacer tal cosa, estoy seguro de que la Biblia perdería gran parte de su valor y se convertiría en un libro de historia como tantos otros, incapaz de atraer a los jóvenes, quienes probablemente ni siquiera sabrían de su existencia, algo muy lamentable. Es como si se quisiera entender a Don Quijote, descargándolo de toda su importancia literaria. ¿Quién es Don Quijote al margen de la literatura? Sin literatura Don Quijote ni siquiera habría existido. Es sólo desde la literatura, analizado y comprendido como un personaje de la célebre novela de Cervantes, cuando Don Quijote alcanza toda su dimensión y trascendencia. ¿No están de acuerdo?