lunes, 22 de junio de 2009

La verdad nos hará libre.



Contaba Saramago en uno de sus interesantísimos artículos de opinión que le había contado una amiga suya, la pintora Sofía Gandarias, que hace algunos años, durante una visita a Sri Lanka, antiguo Ceilán, se sorprendió al encontrar en las calles a grupos de niños vestidos con túnicas negras, una visión tan extraña que cautivo su curiosidad, pues nunca había visto a niños con aquellos atuendos, así que comenzó a preguntar, creyendo al principio que se trataba de una señal distintiva de alguna casta o etnia particular, aunque nunca había visto a ningún adulto con indumentarias parecidas. De pregunta en pregunta, indagando, terminó enterándose de quienes eran esos niños. Sus familias los habían entregado a la jihad, o sea, al islamismo violento, para que militasen en dicha organización y se convirtieran en el futuro en mártires de la revolución islamista. Aquellos niños de negros estaban destinados a terminar algún día con un chaleco cargado de bombas, auto inmolándose para explosionar algún mercado concurrido, una discoteca atiborrada, una estación de autobuses masificada, o cualquier otro lugar donde se pudiera matar a seres humanos de forma masiva.
No lo decía Saramago ni Sofía, pero supongo que la visión de aquellos pequeños mártires, condenados al sacrificio, debía poner los pelos de punta de cualquier persona de bien. A mí, al menos, me da escalofríos de sólo pensarlo.
Ignoraba el premio Nóbel si a esos padres y esas madres les habrían pagado con algún tipo de compensación material o si todo acababa con la promesa fácil de una entrada inmediata en el paraíso de Alá. Tampoco sabía si aquellos niños de túnica negra todavía estarían a la espera de que les llegara su hora o si ya no pertenecían a este mundo. No sabía nada, ni quería saberlo. Decía que ante aquella brutalidad sólo podía callarse, y no porque le faltaran las palabras, sino porque esas cosas le repugnaban.
Le entiendo perfectamente, porque a mi también me repugna que estas cosas ocurran en el mundo. No comprendo como puede existir alguien que hable en el nombre de Dios con el único fin de aprovecharse de la ignorancia y la incultura de la pobre gente cuya única esperanza se basa esencialmente en la fe que tienen, una fe casi siempre ferviente y sin condiciones, una fe que es su mayor patrimonio.
Tener fe no es el problema. El problema radica exclusivamente en la incapacidad de juicio que tiene esa gente por su falta de cultura. El hombre inculto limita su horizonte y es fácilmente manipulable. El hombre que no tiene capacidad crítica es un hombre esclavizado por la mentira, un hombre engañado y, por lo general, un hombre equivocado, como lo están esos niños y sus padres. No digo que todos los islámicos sean incultos, ni violentos. Tampoco critico en absoluto la fe que le profesen a Alá, por ferviente que esta pueda ser, pues no se trata de una cuestión de cantidad, sino de calidad de la fe, pues estoy convencido que una fe cimentada junto al conocimiento y a la cultura conduce más acertadamente a una idea correcta de Dios: Dios es siempre amor, en la medida que es padre, por tanto, todo cuanto contradiga esta idea es simplemente falso. Jamás Dios habló al hombre por medio de la gente poderosa o prominente. Jamás Dios habló al hombre para enviarlo a causas violentas o injustas. Jamás Dios dijo nunca, se trate de Alá, de Yavé, o de Abbá, que las puertas del paraíso se abren con la masacre, la barbarie ni la muerte.

5 comentarios:

Ulysses dijo...

Es cierto falta tolerancia

JL Martínez Hens dijo...

Nunca me gustó aquello de la fe del carbonero que tanto se predicaba en el catolicismo añejo.

Por cierto hoy publiqué un poema tuyo en mi blog de poesía. Es bastante bueno aunque la imagen que le he colocado no pega demasiado. Dame una idea de imagen que te inspire tu poema.

JL

Inés dijo...

Enhorabuena por el texto, me ha interesado muchisimo, de principio a fin.

Tiene mucho rigor, me ha gustado,

besos,

ROCIO dijo...

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Pasa este osito a las personas qe quieres muchisimo y no quieres que cambien nunca. (espero recibir el osito).
Si recibes entre 2-4 ositos te quieren
Si recibes entre 4-8 ositos te quieren mucho
Si recibes entre 8-10 ositos te quieren muchiiiisimo
Espero qe yo sea una de ellas!!

Besos

Sara dijo...

No querido Ignacio, nunca ningún Dios ha dicho nada de esto, es obra del hombre, todo esto lo llevan a cabo los de nuestra raza, a mi... a veces, me da asco verdadero de pertenecer a la misma raza que algún impresentable suelto, por llamarles algo sumamente decente...nunca jamás llegaré a tener tanto estómago para entender cosas inentendibles.
Ahí queda tu denuncia a la que me sumo, y son tantas.....cuando cesará la barbarie? que verdad nos hará libres????
Un abrazote lleno de cariños.