
Hoy, haciendo limpieza en casa, me he reencontrado con un pequeño libro que tengo desde hace años y que casi había olvidado. Es una vieja antología de los poetas del 27 que compré cuando joven, una edición de bolsillo, por supuesto, por aquel entonces no tenía para mucho más.
Aquella antología la leía una y otra vez, absorbiendo su poesía como si fuera el mejor de los perfumes, respirando sus letras.
Aquel libro fue durante muchos años mi libro de cabecera, y cuando mis sueños de ser escritor y vivir de la literatura aún estaban intactos, solía, cada vez que escribía, encender una vela y abrir aquel pequeño libro, siempre por la misma página, la 222, en la que se puede leer el Romance Sonámbulo de Lorca, un poema que dedicó a Gloria Giner y a Fernando de los Ríos.
Esa página conserva aún hoy los lamparones de la cera derretida de aquellas velas que alumbraron mis sueños adolescentes de escritor. Al cogerlo hoy, el libro se ha abierto prácticamente sólo por esa página, y allí, junto al poema, una ramita seca de tomillo que cogí en Viznar, concretamente en el lugar donde se supone que estaba el gran poeta descansando.
Ahora, desde la templanza y la distancia que te dan los años y la madurez, recuerdo aquellos sueños, todas aquellas noches en vela, escribiendo poemas, todas aquellas ilusiones y esperanzas que fueron forjando el hombre que soy.
Curiosamente hoy me he enterado que aquella fosa en la que descansa Federico será abierta para recuperar los restos de dos compañeros suyos en aquel lastimero trance de su fusilamiento. Todo ha sido casualidad, os lo prometo. Mi vida está llena de estas curiosas casualidades. Algunas incluso me ponen la piel de gallina. Esta no, esta me ha emocionado al transportarme a otros tiempos.
Para mí, como para mucho de vosotros, Lorca siempre estuvo vivo. Su espíritu renace cada primavera en aquellas florecillas malvas que crecen en la tierra que con su cuerpo alimenta. Flores que se convierten en aire, aire que se transforma en letras que forman palabras, versos, poemas.
Lorca siempre estuvo vivo, y es así por el hecho de que es imposible matar a aquel que es capaz de enraizar en el corazón de la gente.
En mi corazón está, ha estado siempre, siempre vivo, siempre presente.