
Cuando este barco haya cruzado
su mar de agua salada
y arribe vencido hasta la orilla
acaecerá el momento.
Declinará en la arena
dejando su cuerpo desahuciado
a la sazón caprichosa de los vientos
y ofrendará su carne, su piel, sus huesos.
Y la luz, cual la de un faro,
alumbrando como antorcha desde adentro
ahuecará la aureola del milagro
y todo o nada será eterno.