lunes, 3 de febrero de 2014

Rajoy, nacionalista ciego.



Hará unos días, desde mi perfil de facebook, reprochaba a Mariano Rajoy la exhibición de nacionalismo español que hacía en uno de los congresos de su partido. Pensé, tras ver la noticia, que actitudes como ésa conseguían causar el efecto contrario, un efecto incendiario en el ánimo nacionalista catalán, y también, obviamente,  en el nacionalismo español de muchos de los militantes de su partido, produciendo un odio social que desemboca en lo contrario de lo que se pretende, que es la unidad del territorio público de España. Esta opinión, como era de esperar, levantó conciencias, sobre todo la de algunos amigos militantes o simpatizantes del PP, que inmediatamente me reprocharon mis palabras y mis ideas, tachándolas de mentira o de insulto. Algunos de ellos, lo reconozco,  incluso llevaban razón, porque debo decir, en honor a la verdad, que llegué a afirmar que el partido incendiario, es decir, el PP,  pretendía jugar a ser bombero, siendo realmente un  bombero torero, por su torpeza más que manifiesta.  Tuve, por tanto, que disculparme con las personas ofendidas, porque en ningún momento pretendí eso, sino abrir un debate que considero necesario y útil, y, seguidamente, a redactar aquella reflexión de una manera menos ofensiva, para no herir susceptibilidades personales.
En este sentido, no vale esconder la cabeza dentro de un agujero, como hacen las avestruces, por eso considero extraordinario el cara a cara entre Felipe González y Artur Mas en "Salvados", de Jordi Évole. Reconozco que me descubro ante las personas que siguen dando a las palabras el valor que realmente tienen, o deberían tener. El diálogo es posible siempre, el entendimiento también, por ello,  soy de la opinión firme que la confrontación entre ideales es más separatista que el nacionalismo exacerbado catalanista y lo empuja hacia el sinsentido del enfrentamiento y la disgregación. Quien no lo entienda de esta forma, o bien es un ciego político, o un torpe. Eso es lo que pienso de Rajoy y de su política frente a Cataluña.  Rajoy debe, como Presidente de España que es, defender los principios constitucionales, y por tanto, ocuparse de evitar la disgregación del territorio español evitando una consulta innecesaria e ilegal, pero hacer eso es una cosa, y politizarlo otra. No se puede levantar una bandera nacionalista imperialista, imponiendo el criterio territorial desde la chulería o la fuerza. Eso sí que es una falta de respeto a todos los españoles y un abuso de poder.
Lo institucional se ha de resolver desde el marco institucional y no orgánico. La política es el arte de encontrar soluciones, empleando entre otras cosas, la palabra y el diálogo como el medio hacia el entendimiento y nunca hacia la confrontación, y Rajoy ha demostrado reiteradamente que no sabe o no quiere hacer eso.
Y el problema no radica en lo que dice, porque dice lo que tiene que decir, es cierto. El problema se centra esencialmente en cómo lo dice y donde lo dice. No se debe levantar odios. No se debe potenciar boicots y sembrar suspicacias y miedos gratuitos, no se debe pavonear del poder que tiene, porque eso lo hace indigno su cargo.
 YO, qué quieren que les diga,  CONSUMO PRODUCTOS CATALANES PORQUE CATALUÑA ES ESPAÑA, le duela a quien le duela, y por tanto me posiciono frente al boicot hacia Cataluña ¡NO AL BOICOT a LOS PRODUCTOS CATALANES!. ¡SI A LA INTEGRACIÓN DE CATALUÑA EN ESPAÑA, DESDE EL RECONOCIMIENTO DE las DIFERENCIAS culturales, económicas, históricas y políticas! HABLAR, HABLAR Y HABLAR. El diálogo es el único camino. Bueno, el diálogo, la inteligencia y la imaginación, pero claro, no todos disponen de estos tres dones. Es más que obvio que a algunos carecen de eso, por más que se empeñen en disimularlo.
Ignacio Bermejo Martínez.

2 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Brindo con un buen cava catalán por éste artículo.
Dudo que Rajoy no consuma del mismo.

Pilar V dijo...

Unos y otros juegan la partida bajo la mesa, lejos de focos y despreciando el daño que provoca enconando pueblos que nada tendrían que reprocharse.

Buena entrada