lunes, 2 de julio de 2007

El discurso de José Carlos Fernández


El 15 de mayo del presente, día en el que se presenta mi novela “La Rosa del Sur”, José Carlos Fernández me regala un pequeño librito titulado “Memorial de 50 años. La Voz del Cofrade como Laico del siglo XXI”, el cual contiene el discurso que pronunció en conmemoración del Cincuentenario fundacional de la Hermandad de la Misericordia.
Confieso, que a pesar del boato del título, esperaba encontrarme con uno de tantos pregones cofrades al uso, pero para mi sorpresa no fue así. A diferencia de lo que suele ocurrir en estos casos, el texto estaba perfectamente estructurado, cosa muy de agradecer, pues he asistido muchas veces a pregones en los que uno no sabe a ciencia cierta en qué punto de la retórica se encuentra el exaltante, y en los que lo que se presiente como un final deseado, se convierte para la desdicha del oyente, en un punto y seguido. Pregones que se hicieron eternos y pesados, con hasta cinco finales, y que destacaron, sobre todo, por su falta de contenido. Pero este era distinto, organizado perfectamente en capítulos, para beneficiar, obviamente, al pobre que se iba a pegar una hora, o más, mortificando su trasero en el incómodo banco de madera de la iglesia.
Comienza hablando de la fundación de la Hermandad, de la Isla y de la Semana Santa de 1957, y lo hace utilizando, en dosis muy bien medidas y proporcionadas, una literatura que calificaría de costumbrista y que nos induce a recordar, más bien a soñar, aquel paisaje de entonces, aquellas personas y aquella época pasada. Se denota un halo de añoranza por la juventud perdida, y por todo aquello que conformó su vida, la vida de un cofrade cualquiera de aquel tiempo. Cuenta gratamente el devenir de la Misericordia, y cómo poco a poco se va constituyendo en la gran Hermandad que es hoy. Recuerda el disgusto que supuso el incendio del Cristo y la alegría de la bendición de la Virgen de la Piedad. Pero llegado a este punto, desgarrado de cualquier sentimentalismo, describe con valentía la actualidad de su Hermandad, del mundo cofrade en general, y nos la muestra desnuda ante nuestros ojos, exenta de hipócritas adornos y cargada de verdades, verdades que duelen como puñetazos, pero verdades al fin y al cabo que, alguien, cualquiera, debía de exponer en la palestra.
José Carlos Fernández, con este discurso, demuestra con valentía sin igual la persona que es, el cofrade en el que se ha convertido tras evolucionar en estos cincuenta años. Un hombre de fe que busca en la práctica cofrade una forma verdadera de hallar a Cristo. Las procesiones no pueden ser sólo una manifestación tradicional de la cultura religiosa popular. No debe ser un mero espectáculo folklórico. Comitivas sin sentido que no vayan mas allá del colorido romántico que suponen. El cofrade no se puede quedar en eso, porque ello convertiría esta predicación plástica en simples carrozas de cabalgata, en el mal denominado, por nuestros detractores, carnaval de los curas.
Las hermandades y cofradías han de afrontar el reto del presente y del futuro con la motivación esencial de cargarse de sentido. En el ámbito social deben encontrar un filón. Así nacieron, y a ello deben aspirar, para tener un por qué, para no convertir esto en un espectáculo lujoso en que se termine adorando al becerro de oro.
A Jesucristo, el cristiano verdadero no lo ha de buscar en una talla de madera, sino en los ojos de sus semejantes y en los suyos propios. No hay un Cristo más vivo, más real, que aquellos con los que convivimos, que aquellos que somos. El resto, si carece de esto, es simplemente jugar a vestir muñecas. Por tanto, enhorabuena José Carlos. Me descubro ante usted, ante su maestría y su valentía. Sepa que la verdad siempre nos hará libres, a pesar de que a veces, también nos deje solos.