miércoles, 12 de septiembre de 2007

Así es la Isla.

Sales a la calle cualquier día de estos para comprar, por ejemplo, un alargador para el teléfono porque resulta que a tu mujer se le ha metido este fin de semana cambiar de sitio todos los muebles del salón y ahora te queda corto.
¿Adónde vas? En la Isla, a San Rafael, Rosario y Real. No hay mucho más. Son las cinco de la tarde, hora taurina, y la más apropiada para el humor de perros que se te va agravando en la medida que te vas dando cuenta de que en este pueblo, a esa hora, todos los establecimientos están cerrados. Compruébenlo, así es.
Ya no digamos si, para colmo, estamos en el mes de agosto. En una tarde de agosto ni se le ocurra salir para comprar algo, no ya a las 5, ni a las 6, ni a las 7. En agosto, en la Isla, no abren ni las iglesias. Si es en el mes de agosto, le aconsejo que directamente se vaya a Camposoto, a la Playa del Castillo y se pegue un baño. Por lo menos aprovechará el tiempo.
Así es la Isla, eso es lo que somos en la actualidad: una ciudad que se muere en su propia arrogancia, que se jacta de ser el centro de la bahía por importancia industrial e histórica, y que no es capaz de enterarse, de una puñetera vez, de que los ratones nos han entrado hasta la cocina. ¡Que no! ¡Que ya nos somos ni la sombra de lo que fuimos!
Luego te pones a oír la radio, o a leer la prensa, y te das de bruces con los que tenemos un humor acerado y mordaz, esos que presumimos constantemente de tener muchísimo ingenio y somos capaces de solventar cualquier problema con tremenda rapidez. Torerillos de barrera que jamás hemos pisado el ruedo de la política, a la que tanto criticamos y de la que culpamos de todo, aunque en verdad no tengamos ni idea de lo que hablamos, señalando al político de turno que ha metido la pata. En este caso tendrías que buscar al delegado de tiendas abiertas, o al de control de stocajes de los almacenes, para culparlo de no poder encontrar el maldito cable que te hace falta, y al tiempo hacerle un traje a medida, o sea, ponerlo vestido de limpio por su inoperancia y su ineficacia, pero resulta que no hay delegado que valga para esto de que las tiendas tengan un horario más flexible y una oferta más amplia. Te preguntas en este caso ¿a quien hay que quejarse? ¿De la madre de quien te acuerdas por estar todas las tiendas cerradas y en la única que has encontrado abierta no tengan lo que buscas?
Criticar a los políticos es lo fácil. Reconozco que muchas veces caemos en ello a sabiendas de que no son realmente los responsables de todo lo que ocurre, pero a pesar de ello lo hacemos porque viste mucho eso de enfrentarse a los que mandan.
No diré que no haya quien se merezca enviarlo de patitas a su casa, que los hay, incluso a otros lugares muchísimo más escatológicos, pero ellos no son los responsables de que la Isla, ésa Isla de antaño que todos recordamos, se esté convirtiendo inexorablemente en lo que han venido a llamar, la neo “Bahía Sur”, una pedanía, quizás un barrio de Cádiz, a la que no le tose ni Dios.
La culpa de que la Isla esté como está, es de los cañaíllas en general, y de ésta maldita mentalidad de funcionarios que aún tenemos. Aquí todos aspiramos a comer de la olla grande, hasta los comerciantes, que se han acostumbrado a vender sota, caballo y rey, y se han olvidado de detallar como hacen los buenos vendedores. Por eso se está convirtiendo la Isla en una ciudad dormitorio, que en verdad es más de lo que nos merecemos.