martes, 2 de octubre de 2007

Monarquía Parlamentaria.

Desde mi humilde columna, quiero sumarme a las voces que están proclamando últimamente que es absolutamente cierto que la monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución ha determinado el más largo periodo de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España. Afirmación que hago exenta de cualquier tipo de resentimiento histórico y sin el moderno sentir republicano que parece invadir la actualidad social de nuestro país.
El debate que plantean las fuerzas nacionalistas más radicales cuestionando la monarquía parlamentaria o la república, como espero que comprenderán, no es en absoluto gratuito. Insultar a la corona es el latigazo mediático con el que consiguen desviar la atención y atacar los pilares más fundamentales del estado español. No se trata de insultar al Rey ni a la Casa Real, sino de atacar a nuestra democracia desestabilizando y dividiendo a las personas de bien.
España, la España que define la Constitución, es una monarquía parlamentaria, y por tanto cualquier diseño de estado diferente al regulado es sencillamente ilegal. Otra cosa distinta es que se planteara un debate para modificar la Constitución, y actuando desde la legalidad vigente, acogiéndonos escrupulosamente a la formalidad regulada en nuestras normas, se propusiera una modificación del país y de los órganos de representación y gobierno más relevantes. Ello es posible, y yo diría que hasta saludable, pero hoy por hoy creo que es imposible porque sus resultados distarían muchísimos de ser medianamente justos, dada la influencia negativa y la presión a la que esos radicales someten a la población española, especialmente a los políticos.
La bandera de España es la bicolor, no la tricolor. Es cierto que exhibir la republicana debería de ser considerado como una reivindicación para que la Constitución se modifique, pero los republicanos no deberían caer en la trampa que los radicales nos están tendiendo a todos, pues lo que pretenden es destruir España, con independencia del modelo de estado que tenga.
Como ciudadano de a pie protesto contra todos aquellos alcaldes, sean de la ideología que sean, que se niegan a usar en sus ayuntamientos la bandera de España, porque con ello sólo ponen de manifiesto el poco respeto que tienen a la democracia y a la legalidad.
Igualmente resulta indignante que una determinada clase social use los símbolos nacionales como adornos para identificarse y diferenciarse, apropiándose de nuestros símbolos para ridiculizarlos al convertirlos en despreciable gestos de pijería. Nuestra bandera es muchísimo más importante que un estúpido “te lo juro por la Snoopy”, por tanto esos clasistas no debería apropiarse de los símbolos, y menos desvirtuar su verdadero significado. Los símbolos son de todos los españoles, sin diferencias. El pueblo así lo siente, y discrepa de esos cuyos ideales exhiben en sus estiradas y engominadas cabelleras peinadas hacia detrás, su bolso, o en su cinturón de marca. (Sé que saben exactamente a qué tipo de personas me refiero) Y lo peor de todo, lo de ese friki que tienen en la COPE dando bandazos y palos de ciego. Es tan radical y tiene tal sin sentido que se ha metido en un berenjenal del que la Conferencia Episcopal no debería dejarlo salir inmune. Federico Jiménez Losantos ha ofendido directamente a la monarquía desde uno de los medios de comunicación más importantes de España. Ha insultado al Rey, y lo justo es que pague por lo que ha hecho. Más aún, a tenor de las declaraciones de cariño y adhesión a la corona que ha realizado el alto estamento clerical, porque de exaltados ya estamos hartos.