miércoles, 16 de enero de 2008

Dejados de la mano de Dios.

No recuerdo con exactitud donde he leído que en Zaragoza, el año que viene, con motivo de la celebración de la 4ª Exposición Universal, quieren dragar el río Ebro, aniquilando parte de su ecosistema y eliminando el histórico puente de piedra que lo cruza, lo que obviamente es dar un puntapié a la ecología y a la cultura sin ningún tipo de miramientos, y al parecer sin que nadie diga absolutamente nada al respecto.
Algo similar ya ocurrió en Valencia, ciudad que vació el Turia para ganar el terreno que ocupaba su curso natural, lugar donde han instalado la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, el Oceanográfico, el Museo de las Ciencias, el Palau de la Ópera, etc., lo que ha supuesto la modernización de la ciudad y una apuesta firme por el turismo, sector en evidente crecimiento, por suerte para ellos.
Ante noticias como estas, yo me pregunto si no estaremos haciendo el gili por estos lares, porque fijo que en el Ebro y en el Turia vivían en su día tantos o más pajaritos que en nuestro triste, mal oliente y abandonado parque natural, pero aquellos parajes se modifican sin más y a éste no hay quien lo toque. ¿Y eso por qué es así? Al final va a ser cierto eso que dicen de que Cádiz, y por tanto también la Isla, no es el sur de Europa, sino el norte de África.
La Isla necesita crecer necesariamente, y es indignante que para ello se tenga que mendigar terreno al Ministerio de Defensa, más aún teniendo en cuenta la noticia publicada en días pasados, por este mismo medio, que daba a conocer la desafectación de terreno en Tarragona para la construcción de viviendas sociales.
Hablando con un amigo de estos temas, alguien precisamente con quien no comparto en absoluto ideología política, coincidíamos desde nuestras diferentes formas de entender el mundo, que la Isla necesita de políticos que sepan defender nuestros intereses, con independencia de las siglas y las tácticas centralistas de partidos.
Entre los políticos de San Fernando debería existir una unión inquebrantable para la defensa de los intereses de esta tierra, porque se hace obvio que lo contrario impide el desarrollo y el progreso.
La confrontación sólo sirve para procurarse poder allí donde verdaderamente hay, pero ¿qué pasa con localidades con realidades diferentes de los grandes núcleos urbanos? ¿Nos atañen los intereses de los grandes partidos en su lucha por el poder? Creo que, aún teniendo que ir de su mano, no deberíamos olvidar jamás quienes son y para que están ellos y quienes somos nosotros y qué necesitamos.
No obstante, también es muy complicado hacerse notar desde un partido minoritario sin representación parlamentaria en Madrid y en Sevilla, pues para imponerse y hacerse respetar no basta con la posible valía, la ilusión y el empeño que se pudiera poner.
Con ello pretendo decir que considero que la Isla necesita un cambio político inminente, para que de una vez por todas estemos verdaderamente representados y seamos respetados por Andalucía y el resto de España. Somos una ciudad de cien mil habitantes que aún no tiene claro el rumbo que debe tomar. Sólo sabemos donde estamos, en un lugar carente de futuro donde se nos perjudica a diario. Los políticos, aquellos que verdaderamente tengan una vocación de servicio y de entrega a su pueblo, coincidirán conmigo. Obviamente, no aquellos que vean en la política una profesión de la que vivir. No obstante, estos me dan igual, porque ellos son precisamente los que verdaderamente sobran.