miércoles, 16 de enero de 2008

¿Quién será el culpable?

Doy por sentado que habrán oído alguna vez la expresión “... a río revuelto, ganancia de pescadores...”, refrán que por lo visto se ha aprendido muy bien cierto sector social, que a mí, cuanto menos, me sorprende por lo reaccionario que es.
Siempre que oía la palabra “integrismo”, aunque su significado real dista mucho del que se le asocia inconscientemente en la actualidad, me venía a la cabeza esos islamistas tan radicales y enfrentados con la cultura occidental que vemos a diario en las noticias, pero últimamente, el término, no sólo se refiere a aquellos musulmanes retrógrados y temibles, sino que, en vista de ciertas actitudes de determinado sector político-religioso, se está ampliando su significación. Algo que, dado el tiempo en que vivimos, no sé si será positivo o todo lo contrario. (Bueno, sí lo sé, pero no lo digo)
Cuando las posturas se radicalizan hasta extremos insostenibles por su absurdo, cosa que me parece siempre un grave error, se produce la exclusión de muchos inocentes que huyen del sistema, posiblemente decepcionados y desengañados, y eso quiebra la sociedad y la destruye.
Es posible que la crisis coyuntural que sufrimos en España sea una consecuencia de la confrontación constante que padecemos, aunque para algunos sea sólo una forma de hacer política, sin tener en cuenta la crispación y el estrés social que producen.
Alguien ha de ser responsable del sentimiento separatista, incrementado en los últimos años, entre catalanes y el resto de españoles. Campañas de constante martilleo que se han empleado en detrimento de la unidad del pueblo, amparadas precisamente en un sentir tan nacionalista como el que reprochan. Ésas críticas constantes al pueblo catalán, esos desaires a su economía y su política, seguro que no han caído en saco roto y en el futuro nos arrepentiremos de haber sido tan vehementes.
Primero fueron los catalanes, luego las familias, célula básica social que se instrumentaliza para sacarla de contexto. Últimamente se movilizan los sectores más reaccionarios en defensa de la familia, como si en la actualidad corriera peligro de extinguirse, y eso es incierto. Realmente no se manifiestan en defensa de la familia, sino contra la libertad de composición de la misma. No se trata de procurar un futuro para la familia tradicional cristiana, a la que me precio de defender, sino de evitar a toda costa cualquier alteración de su concepto, en contradicción con los principios básicos y fundamentales que debieran regir las entidades que se colocan a ese lado del estrato social, pues con esa postura tan férrea, lo único que consiguen es excluir a muchos, que como en el caso anterior, se quedan por el camino, adelgazando el concepto de Estado de Derecho, posiblemente en favor de otros sistemas menos democráticos.
Y ahora, quizás por la proximidad de las elecciones, una crisis económica, reitero que coyuntural, que ciertamente tiene mucho más de inventada que de real. Es una crisis económica psicológica, producida por el miedo al “que viene el lobo”, táctica política muy criticada, por cierto, por los mismos que tanto la emplean últimamente. Yo me pregunto ¿quien cargará con la responsabilidad del daño que se le está haciendo a España? ¿Quien tendrá que soportar las consecuencias?. Esta crisis inexistente, de momento nos está afectando a nosotros, pues el miedo que están inculcando retrae la economía, siempre asustadiza, y produce, como efecto inmediato, un encarecimiento de los precios al consumo que tenemos que soportar quienes menos culpas tenemos de todo.. ¿Qué le parece? ¿Y usted qué piensa?