miércoles, 20 de febrero de 2008

Algunos hombres buenos (Artículo publicado en S.Fdo. Inf.)

Con independencia de la conocida película dirigida por Rob Reiner, protagonizada por Tom Cruise, Demi Moore, Jack Nicholson, entre otros, y del famoso grupo de pop-rock español, el título de mi artículo de hoy se viene a referir a algunos hombres, más o menos conocidos en San Fernando, y que bien se merecen este calificativo.
Uno de ellos, el dermatólogo Antonio González Cabrerizo, un cañaílla de lujo que derrocha generosidad y buenas maneras. Que yo sepa, que sé bien poco, es él quien financia cada año, sin ningún tipo de interés ni beneficio, sin ánimo de lucro, la publicación del texto integro del pregón de Semana Santa. Supongo que lo hará por su vocación cofrade, pues fue Hermano Mayor de la Hermandad de la Caridad. Desde siempre, este hombre, ha sido un ejemplo para muchos, sobre todo, para aquellos jóvenes, hoy no tan jóvenes, y la mayoría calvos, que compartimos con él inolvidables momentos en la extinguida Coordinadora de la Juventud Cofrade.
Al margen de ello, financia también innumerables boletines de cofradías, en los que se publicita a costa de que le den sablazos sin piedad ni miramientos. Él los asume con más paciencia que el santo Job. Es Vicepresidente del Club Deportivo San Fernando, y en las pasadas Navidades fue Rey Mago, siendo él precisamente quien regalara una infinidad de camisetas del equipo cañaílla, arrojándolas desde la cabalgata por todo su itinerario, como no podía ser de otra forma, a costa de sus bolsillos. Son muchos los que conozco que se quejan porque cuando visitan su consulta no les cobra. Yo, por ejemplo, puedo dar fe. Para él, ejercer la medicina no es un negocio. Es un hombre con principios que sabe valorar la amistad, la honestidad, la generosidad, la lealtad y muchos más valores.
Hablar de Antonio González Cabrerizo es hablar de un mecenas de nuestra tierra. Un hombre tremendamente comprometido, digno de cualquier homenaje.
Igual que él, hay otros, como es el caso de mi amigo Juan Rendón Sainz, el más que conocido Gerente de La Saldadora, otro cofrade que nada tiene suyo.
Recuerdo que cuando compró la casa donde vive, hizo en el sótano una bodeguita para compartir ratitos con los amigos. Aquella intención la ha sabido mantener desde entonces, y el lugar se ha convertido, por el peso de la costumbre, en lugar de encuentro cada Navidad, donde acuden anualmente Sus Majestades los Reyes de Oriente y reparten regalos para todos. Es allí donde se ha gestado la historia reciente de la Asociación Cultural Cofrade la Venera, entidad que ha hecho de la casa de Juan su sede social sin la necesidad de pagar recibo alguno de alquiler. A él no le importa, como tampoco le importa dejar a cuenta rollos y rollos de tela para que se hagan túnicas. El pobre no sabe cuando los cobrará, ni siquiera si los cobrará algún día.
Con Juan me unen muchos momentos. Él si es uno de mis grandes amigos, por tanto sé lo que digo. No es perfecto, nadie lo es, y a veces hemos discutido mucho, pero siempre, tras el cabreo lógico del momento, ha predominado la concordia, pues de su boca sale constantemente, y no en balde, la palabra perdón. Una palabra bonita y suya.
A él, en calidad de Presidente de la Venera, la pastelería La Victoria, le ha concedido el Rosco de Oro, un gran acierto, como todos los premiados con anterioridad, porque es realmente generoso el esfuerzo que ésta entidad realiza cada año para que la Isla cuente con uno de las mejores Guías Itinerarios del panorama cofrade, y todo ello, y así me consta, con un altruismo envidiable que muchos deberían imitar. Por ellos hoy me quito el sombrero, por Antonio González y por Juan Rendón, un par, entre muchos, de hombres buenos que ha parido esta tierra bendita de Dios.

1 comentario:

muxica dijo...

También brindo por esos hombres buenos