miércoles, 6 de febrero de 2008

El comunicado de los Obispos.

Los obispos de España tienen todo el derecho del mundo a criticar al Gobierno de turno. Pero también ellos son criticables, bajo el mismo argumento de la libertad de expresión, sobre todo, cuando las actuaciones de alguno de ellos se desligan tan claramente de su papel episcopal, y se adentran en política.
La agresividad que muestran últimamente en sus declaraciones y el hecho de sumarse a la confrontación constante que ha mantenido el PP en contra del Gobierno, nos desconcierta a muchos católicos practicantes que no entendemos cómo los obispos españoles se han posicionado tan claramente a favor de la derecha.
No concibo como se puede defender un determinado medio de comunicación donde se miente descaradamente y se manipula sin que nadie haga nada por remediarlo, como es el caso de la manifestación del 30 de diciembre en Madrid, donde hubo menos de 200.000 personas, dato contrastado, y la COPE se mantiene en la afirmación de que hubo más de dos millones. Un engaño manifiesto, que atenta a las claras contra el octavo mandamiento.
Sólo el Santo Padre está a salvo de errar cuando se pronuncia en cuestiones de fe o de moral, según el Dogma establecido en 1870, en el Concilio Vaticano I. Por tanto cabe la posibilidad de que los obispos se equivoquen al asociar el concepto de progresismo político con los términos aborto o divorcio, de igual forma que también es un error pensar que las personas que voten al PP no se vayan a divorciar o a abortar en el futuro. Tenemos clarísimos y conocidos ejemplos que demuestran lo contrario, que me guardaré de citar con nombres y apellidos por eso de la caridad cristiana.
Cada persona es un universo. Por eso, hay muchos que aún discrepando con determinados postulados del programa socialista, encuentran en ése partido la política más próxima a su forma de pensar, y opino que nadie debería coartarles su intención de voto. Hacer eso sí que es atentar contra la democracia.
En cuanto a la acusación de negociar con los terroristas, recordar que serán “Dichosos los que trabajen por la paz, porque ellos se llamaran los hijos de Dios” ¿No es eso lo que dijo Jesús en la montaña? “Trabajar por la paz”, bien aventuró, sin especificar en qué manera. No obstante, así lo han hecho todos los gobiernos, y en ningún caso debiera convertirse en un arma arrojadiza contra Zapatero para robarle votos a favor del PP. Hablemos claro. Nadie ha pactado o negociado con ETA. Todos han conversado con esa organización terrorista, y lo han hecho tratando de buscar una salida a la trágica y enquistada situación del problema, con la mejor voluntad.
Ya estamos en Cuaresma y es tiempo de meditar sobre la palabra viva de
Jesús: “No juzguéis a nadie... No condenéis a nadie. Perdonad” Es mejor orar sin medida para pedir que quien gane en las urnas sea alumbrado por el Espíritu Santo. Es probable que mis palabras molesten. Lo sé. Es posible que lleguen a escandalizar a algunos que no dudarán en señalarme con el dedo para tacharme de Dios sabe qué. A ellos, a todos los que no comprenda el porqué de este escrito, explicarles que la razón es Jesús mismo. En Él mi fe y mi consuelo, mi devoción y la justificación de mis actos. Por Él la honradez de mi verdad desnuda, le duela a quien le duela, Y después de esto, el que se sienta libre... que arroje contra mí sus piedras, porque desde mi verdad, desde mi honradez, desde mi amor sin condiciones a Cristo, estoy dispuesto a ser criticado, expulsado, ultrajado, maltratado, machacado y agredido, como Él mismo, para ganarme el Reino de Dios.