martes, 8 de abril de 2008

Accidente trágico.

Tristemente he vuelto a ser testigo de un accidente de tráfico con fatales consecuencias. Ha ocurrido en la autovía de Jerez-Los Barrios, cuando inexplicablemente un turismo que circulaba por el carril izquierdo a una velocidad medianamente moderada, se volteó sin lógica alguna y rodó hasta quedar completamente boca arriba sobre la medianera del arcén. Aquel vehículo se subió literalmente sobre la protección metálica que separa la carretera de la cuneta, que por ende de un destino indeseado y traicionero, se convirtió en una navaja que cortó la carrocería como si de una pieza de fruta se tratara.
Fueron unos momentos realmente intensos. Una de esas situaciones en las que ves pasar en un instante una película completa de tu vida por tu mente. Mis pulsaciones se pusieron a más de 150 por minuto, mientras trataba de hacerme con el dominio del coche para no estrellarme. La imagen de mis hijos colmaron mi cabeza. Oía sus voces, sus risas. Mi mujer en casa, esperando ajena a lo ocurrido. Mi padre, mis amigos, mi hermandad. Todo, absolutamente todo, me vino en un instante. Me latía tan rápido el corazón que la cabeza comenzó a dolerme duramente, hasta el punto de tener que llegar a cerrar los ojos. Parecía como que mi cerebro fuera incapaz de soportar la presión de un riego sanguíneo intenso que me ayudaba a agarrar el volante con una fuerza desconocida, guiada sólo por el instinto innato de sobrevivir. Gracias a Dios, me hice con el vehículo, y aquí estoy para contarlo. Imagínense: El intenso ruido repentino, las frenadas, todas las frenadas, oyéndolas una a una, como en cámara lenta, la de aquel pobre desgraciado que perdió la vida, y la de todos los coches que circulábamos detrás. El desconcierto de los que presenciamos aquella función teatral aparatosa e indeseada con que la vida nos sorprendía aquella mañana. La paradoja de una vida en su pleno esplendor, truncada de repente sin ningún motivo, sólo por la mala suerte. El desorden de ideas y el desbarajuste emocional. Las decenas de cachivaches destrozados, que salpicaban la carretera formando una procesión angustiosa. Los gritos de la pobre gente que víctimas del pánico más absoluto ante el precipicio inesperado de una muerte real y cierta, se desesperaba inútilmente. Y de repente, como si se tratara de un bisturí que atravesaba la vida misma para sesgarla de cuajo, sobrevino un silencio espeso que presagiaba lo peor, roto solamente por una música lejana e inoportuna.
En cuanto fui consciente de lo ocurrido, corrí con todas mis fuerzas para ayudar al más perjudicado, pero en la medida que me acercaba, me fui dando cuenta de que ya nada era necesario. Todo había acabado. Un río de cristales rotos se extendía por el asfalto. Curiosamente, el parabrisas continuaba intacto. Tras él, un hombre joven continuaba mirando al mundo con sus ojos abiertos, mostrando unas pupilas dilatadísimas que, sorprendidas por la muerte, no tuvieron tiempo de reacción alguna.
Paradójicamente sonaba la agudísima voz de la soprano Kiri te Kanawa, interpretando el “Exsultante, jubilate”, de Mozart, con sus inacabables “Aleluyas” . Parecía que aquella música celebraba con gozo una pascua de resurrección extrañamente deseada. La música que se oía procedía del interior de aquel coche que se empeñaba en demostrar lo contradictoria que puede llegar a ser la vida. Apagué el aparato. Me pareció lo más respetuoso. Luego cerré para siempre aquellos ojos. El silencio se hizo entonces absoluto. Si acaso el viento silbaba extrañamente mientras jugaba entre las ruedas del coche que aún seguían girando, hasta que lejanas, empezaron a gritar histéricas las sirenas que llegaban.

9 comentarios:

Lina dijo...

Un relato muy triste. Es el desgraciado día a día de las carreteras... Afortunadamnete tu estás aquí y bien para contarlo.

¿Finalmente se sabe si le falló el coche o que pudo ocurrir?

Saludos!

Evan dijo...

Que terrible, me da dolor pensar en los familiares de ese chico... :(

.

En cuanto a mi post, no me refría a mi mamá, sino a a mi hermana gemela. Por eso (no se si te acordás) cuando te conocí y vos me decías que conocías a mi clon, me sorprendí, porque el único clon mío que yo he conocido, es Lydi...

Un beso, estás bien???

Lula May dijo...

Qué experiencia tan tremenda, Ignacio.

Es en esos momentos cuando uno comprende el verdadero sentido del juego: disfrutar cada segundo regalado. Es una dulce obligación la que tenemos, pero eso ya lo sabes muy bien tú, lo transmites en cada uno de tus textos.

Un beso y cuídate mucho,
Lula.

Klau dijo...

IMPRESIONANTE
EL HECHO TRAGICO
Y LEERLO ESCRITO POR VOS

BESOS
KLAU

Ignacio Bermejo dijo...

Quiero deciros a todos que no tenéis que preocuparos. SE TRATA DE UNA FICCION. ES UN TEXTO DE FICCION, que he escrito para sensibilizar en un periódico con los sentimientos que produce un accidente así, y provocar el buen uso y comportamiento de los conductores. GRACIAS POR PREOCUPAROS.

María dijo...

Ignacio, aunque se trate de un texto de ficción que has puesto en tu blog, es la realidad de lo que hay en nuestros días, lo tenemos diariamente en nuestras vidas, y que muchas personas familiares ya han fallecido por estas causas tan terribles.

Gracias por haber puesto, aunque digas, ficción, una auténtica realidad de la vida.

Un abrazo.

María dijo...

Ignacio, aunque se trate de un texto de ficción que has puesto en tu blog, es la realidad de lo que hay en nuestros días, lo tenemos diariamente en nuestras vidas, y que muchas personas familiares ya han fallecido por estas causas tan terribles.

Gracias por haber puesto, aunque digas, ficción, una auténtica realidad de la vida.

Un abrazo.

Bohemia dijo...

Me ha impactado leerte, porque aunque sea ficción por desgracia es una realidad diaria, son tantas las vidas que se quedan por el camino...Tu relato está muy bien escrito, te mete en la trama, llega al lector como un mazazo en el alma...Yo lo he leído tapándome la boca con la mano y con el ceño fruncido en un gesto de dolor y angustia...Espero que sirva para concienciar...Besos

Qettah dijo...

buuuf menos mal que te lo has inventado, perooo carajooo...no me des estos sustos. Es increible sonó tan real, tan espeluznante. Tu capacidad para escribir es bárbara.

besos...Qettah