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Decir Socialismo o Liberalismo es, en definitiva, hablar de ideologías políticas radicalmente diferentes y equidistantes. El Liberalismo se fundamenta primordialmente en la trinidad inseparable de la civilización: la legalidad, la libertad, y la propiedad. Pilares básicos que sostienen su filosofía, entorno a la cual se cimientan un amplio concepto del Estado, como proyección ampliada del individuo. En cambio, desde la perspectiva Socialista, el Estado se diseña, no desde este, sino desde la contemplación más amplia de la sociedad, a través del intervencionismo en la economía como instrumento de control, para el equitativo reparto de la riqueza.
Esto es así en su pureza, pero esas ideas radicales que nacen generalmente a principios del siglo XX, han evolucionado demostrando en la práctica que el Estado perfecto es un híbrido entre esas dos grandes mentalidades. Empleo la palabra mentalidad, porque la ideología que evoluciona es una ideología muerta, en la medida en que se convierte en una nueva y diferente.
El liberalismo exacerbado, aplicado con su mayor pureza, genera conflictos sociales, en la medida en la que el mayor valor social es el incremento de la riqueza desde una óptica capitalista, produciéndose desigualdades con la explotación de los más débiles, o lo que es lo mismo, una estratificación de clases. (¿Egoísmo?)
El Socialismo puro, en cambio, trata de paliar las diferencias que se producen por ésa estratificación y lo hace interviniendo activamente en la economía como instrumento de control, pero eso también origina un receso importante en los medios productivos y un empobrecimiento tanto individual, como social. (¿Utopía?)
Empíricamente este conflicto histórico ha originado que ambos sistemas evolucionen hacia algo nuevo que bien podríamos definir como un Socialismo Liberal o un Liberalismo social, en la medida en que el Estado interviene en la protección de los valores sociales básicos, pero lo hace sin matar la gallina de los huevos de oro que produce riqueza en términos generales. Esto no significa que los socialistas o los liberales hayan dejado de creer en sus ideales. Es simplemente que, siendo inteligentes, han notado que el progreso social producido por las libertades económicas es más rentable que el estancamiento producido por las teorías de control estatal, o el liberalismo exacerbado, teorías que eran nuevas en 1900, pero que hoy no valen.
Los socialistas han entendido que es perjudicial para la sociedad el control absoluto de la economía, y han aprendido a aprovecharse de la riqueza creada por la libertad económica, para promover mejores sus programas de educación, salud y bienestar social. Y los liberales, igualmente aceptan que la totalidad de la riqueza generada no pertenece al capitalista, e igualmente han aprendido a invertir en el sistema, amortiguando la separación entre las clases sociales. Esto no es otra cosa que el descubrimiento de una nueva franja ideológica: El Centro Político.
Creo que en la actualidad el Partido Socialista, tiende en su política económica y social, a acercarse al ideal liberal, asumiéndolo desde un prisma social, en base a esta reflexión. Y eso es precisamente lo que está haciendo el Sr. Rajoy, al tratar de mover al PP hacia ése nuevo concepto ideológico, socializando los viejos valores liberales, y acercándolos al centro, aunque la verdad es que parece que no va a tener demasiado éxito, demostrándose con ello que el PP encarna los valores de la derecha más reaccionaria de nuestro país y que jamás ha mirado, en absoluto, hacia el centro. Celebrarán su congreso nacional, y allí se definirán como partido, quizás manteniendo su ideología, pero yo opino que todo lo que no sea andar hacia delante es un error que, tarde o temprano, la sociedad tendrá que pagar. Es su responsabilidad.