martes, 21 de agosto de 2007

En busca de la Excelencia


Hará unos día, oía en la radio la entrevista que le hacían a un diseñador de moda que también se dedica a la crianza de vinos, ocupación por la que les ha dado a muchos artistas e intelectuales últimamente.
Durante la entrevista, la periodista le preguntaba el por qué de esa nueva dedicación, y el diseñador respondía que, al margen de caer sin remedio en las redes de la neo cultura del vino, cosa que hoy está tan en boga y que parece esencial para estar a la altura de las circunstancias sociales, también porque tenía la sensación de que en la elaboración de buenos caldos, es más o menos sencillo buscar la excelencia.
Aquella frase llamó mi atención. Aquel hombre se dedicaba a elaborar vinos para buscar la excelencia, y eso es algo que no se ve todos los días.
Obviamente, continué oyendo la entrevista hasta al final, y reconozco que resultó ser muy interesante, como no podía ser menos.
Tras terminar, teniendo en cuenta que estaba tumbado frente a la orilla del mar, disfrutando de una magnífica tarde de verano, en la playa, apagué el walkman, cerré los ojos y medité un rato sobre lo que acababa de oír; ¡un hombre que buscaba la excelencia! ¿Cómo se busca la excelencia? ¿Qué es la excelencia? ¿Para qué sirve?
La excelencia a la que aquel hombre se refería, no era a la propia, sino a la del vino que producía. Trabajaba ilusionado por conseguir un caldo que fuera excelente de calidad. Algo que, bien mirado, también lo convierte a él en una persona excelente, en una excelencia, que no es otro que aquel que no termina de conformarse con el mundo en el que vive y se esfuerza en mejorarlo.
¿Considera usted que es una persona excelente? ¿Se lo ha planteado alguna vez? ¿O acaso es uno esos que viven a diario por existir simplemente, sin pasión, sin ilusión, sin esperanza ni alegría, de esos muchísimos amargados que se levantan cada mañana con el pié izquierdo, y que no han visto jamás unas gafas con cristales rosa?
Yo les propongo un ejercicio. Plantéeselo al menos. Es divertido. Medite sobre la realidad de su vida y piense en lo que hace. ¿Se esfuerza usted en innovar las cosas de la mejor forma posible o es de los que salen al paso con cualquier chapuza que cubra el expediente? Respóndase con sinceridad. No tiene sentido mentirse a si mismo. Si es de los primeros, de los que procuran hacer las cosas bien, mi enhorabuena, porque es usted una excelencia. Si no es así, y es de los que se apuntan a hacer chapuzas para salir del paso, ¿por qué hace eso? ¿Acaso tiene algo más interesante que hacer? ¿Por qué no se dedica a hacer aquello que verdaderamente le resulta interesante y se esfuerza en hacerlo bien? ¿No siente vergüenza de ser como es? ¿No le remuerde la conciencia de derrochar su vida de esa forma? ¿Cree usted que ésa es la actitud de cualquier ser humano digno? Allá usted. Usted sabrá qué hace con su vida. Tiene todo el derecho a hacer con ella lo que le venga en gana, pero al mismo tiempo también tiene la responsabilidad de asumir las consecuencias. O sea, me explico: Si usted es un cerdo, una de esa personas que atentan con los principios básicos de la higiene personal, no se queje cuando vaya por la calle y los demás le vuelvan la cara, porque nadie tiene que soportar su olor desagradable. Si es un mal profesional, uno de esos que engaña al cliente por sistema, no se queje cuando le despidan, le denuncien o se arruine, porque se lo tiene merecido. Si es un egoísta que sólo piensa en usted, no se asombre cuando note que los demás le olvidaron ¿Qué quiere? ¿A caso se cree con derecho a recoger los frutos de la cosecha que no sembró? Puede que sea de los que se aprovechan de los demás, de los que piensan que todos son tontos. Si es así, peor para usted. A ver qué hace cuando descubra lo necio que es.

1 comentario:

JL Martínez Hens dijo...

"Excelente" artículo amigo Ignacio, que me he leído del tirón. En realidad buscar la excelencia es estar vivo y tener ilusión por lo que se hace.