viernes, 3 de agosto de 2007

La tradición Belenística.


Tal y como afirma D. Manuel Losada Villasante, Premio Principe de Asturias en Investigación y Catedrático Emérito de la Universidad de Sevilla en Bioquímica y Biología Molecular: “Después de la Creación del Universo, cuando dijo Dios que se hiciera la luz y ésta se hizo, y de la creación del hombre a su imagen y semejanza, el acontecimiento más relevante que ha tenido lugar en la Tierra ha sido el nacimiento de Jesús en Belén hace más de dos mil años, evento tan universal que la humanidad lo ha tomado como referencia histórica”. Afirmación que es tan contundente como cierta, pues al pensar o simplemente referirnos a cualquier momento histórico de la Tierra, desde que ésta existe como tal, se ha de pasar obligatoriamente por Jesús, pues lo hemos convertido en el meridiano extraordinario que regula el rumbo de casi todos los hombres, con independencia de que sean o no cristianos. Por tanto, es lógico y justo que dicho suceso se conmemore cada año, con independencia de las connotaciones religiosas que conlleva dicha celebración.
Parece ser que la Iglesia eligió el día 25 de Diciembre como la fecha del nacimiento de Cristo, porque era lógico pensar que Él nacería nueve meses después de su Encarnación, el 25 de Marzo, fecha que por otro lado coincide, no por casualidad, con el equinoccio de primavera, y también con la de su muerte.
En la antigüedad, la Iglesia sólo celebraba la Pascua de la Resurrección del Señor. La Epifanía, fecha en la que se celebra la manifestación de Jesús a los gentiles, se estableció el 6 de enero, coincidiendo igualmente con las fiestas paganas del solsticio de invierno, que se celebraban en homenaje al Sol victorioso. Esto nos hace pensar que la Iglesia pretendió presentar a Jesús como el centro de nuestro Universo, el Sol, el que todo lo alumbra, el que da la vida, el Rey y Dios del Mundo.
Quizás el auge que toma la fiesta en el seno de la Iglesia, fuese el motivo que impulso a San Francisco de Asís, a que en el siglo XIII, instaurase la costumbre de colocar belenes. Una tradición plástica valiosísima en la época, que realizaba principalmente una función catequética, lo que seguramente el santo pretendía. De ahí que los belenes se montasen en el interior de los templos, y con el transcurrir del tiempo, llegara a todos los hogares.
Hay quienes se manifiestan radicalmente en contra de la colocación del árbol de Navidad, tradición que es posterior y que tuvo su origen en los países nórdicos sobre el siglo XVI, pero esta aversión no tiene demasiado fundamento, en contra de lo que acostumbramos a afirmar, pues con la colocación de árboles en los hogares, al igual que se hace con los belenes, se está celebrando la Navidad, y por tanto, conmemorando el nacimiento de nuestro Mesías. No obstante, son ciertos los lazos culturales que nos unen a una u otra tradición, según la tierra a la que se pertenezcamos. En Andalucía, obviamente, el nacimiento o belén tiene mayor significación y muchísima más importancia.
Esta tradición que instauró San Francisco, se desarrolla de forma extraordinaria al hacerla propia la mayoría de los artistas que, inspirados en el testimonio de los Evangelistas, van definiendo y perfilando la Epifanía y consolidando la imagen que todos tenemos de la Sagrada Familia y el momento del nacimiento de Jesús. Desde un aspecto teológico, se ha de reconocer que los Belenistas contribuyen enormemente a promulgar y difundir ese mensaje apostólico y a enriquecer nuestro patrimonio artístico y cultural con su generoso que hacer, una labor encomiable, digna de admiración, de respeto, y por supuesto, de reconocimiento. Espero que así sea.